30 de septiembre de 2016

1 Corintios 5

«Desháganse de la vieja levadura para que sean masa nueva, panes sin levadura, como lo son en realidad» (1 Corintios 5.7 NVI).

Una pesadilla para las personas que hornean bizcochos, es que el mismo no suba.  Para evitar eso, se usa la levadura, aunque puede haber otras razones para el fracaso del proceso.  Una poca cantidad de levadura impacta toda la harina en uso.

El ejemplo viene a cuentas, porque en la iglesia de Corinto había un serio problema.  El apóstol lo compara con la acción contaminante, por así decirlo, de la levadura.  Era un caso de inmoralidad que afectaba a toda la comunidad.  Él recomendó acciones fuertes para corregirlo.

La palabra ha quedado para aplicarla a nosotros.  La levadura, aquello que nos contamina, debe ser expulsada de nuestra vida.  Lo que nos daña internamente, altera nuestra persona y nuestro carácter.  Cuando eso pasa, dejamos de vivir como verdaderos creyentes y lo que proyectamos es inadecuado, con ningún resultado o con resultado confuso.  Esto sabotea nuestra misión y propósito.

Pablo dice que nos despojemos de la malicia y la perversidad (la vieja levadura) y tomemos la sinceridad y la verdad (nueva levadura) para emular a Cristo.  Como sabemos, el Señor experimentó la humanidad de forma completa, pero sin pecado, sin levadura contaminante…  Por eso es nuestro modelo a seguir.

Días antes, los judíos que celebran la Pascua limpian sus casas y utensilios, para asegurarse de que no haya levadura.

Inspeccionemos nuestro interior para descubrir si hay algún “poquito” de levadura que afecte la totalidad de nuestra vida y servicio…  y “botémosla a la basura”.

 

Oración

Señor nuestro, gracias por Tu Palabra que nos confronta y discierne nuestros pensamientos e intenciones.  Ayúdanos a mirarnos y evaluarnos internamente y eliminar cualquier contaminante que afecte nuestra vida y la de otros.  Lo pedimos por Jesús.  Amén.

Autor: Luis Montañez