30 de junio 2017

1 Samuel 20

«Ahora bien, si para entonces vivo todavía, trátame con la misma bondad con que el Señor te ha tratado. Y si muero, no dejes de ser bondadoso con mi familia».  1 Samuel 20.14-15ª (DHH)

 

Hay amistades que se han mantenido por toda la vida.  Ni la distancia, ni el tiempo, ni el trabajo, ni las familias, han opacado o menguado la alegría y fortaleza de esa amistad.  Y como dice Proverbios 18.24, “hay amigos que son más que hermanos”.

Ese es el tipo de amistad que se trabó entre David y Jonatán el hijo de Saúl, quien se empeñó en darle muerte al primero.  Los celos lo consumían, producto de su desenfoque al haber desobedecido el mandato de Dios, quien lo había escogido como primer rey de Israel.  A expensas de la ira de su padre, Jonatán se mantuvo fiel a su amigo y no fue parte de las componendas de su padre para asesinar a David.

El Nuevo Testamento nos presenta a Jesús entregando Su vida, no por los amigos, sino por los enemigos.  Eso lo convierte en nuestro mejor amigo.  Así lo dice un himno hermoso que se cantaba casi todas las semanas en la iglesia, cuando era niño: “Hallé un fiel amigo, mi amado Salvador, contaré lo que Él ha hecho para mí…”  Nadie como ese amigo fiel.

Necesitamos fomentar y mantener las amistades.  Un anciano me dijo un día: “cuando todo se acaba, lo único que queda son las amistades”.

¿Cuánto hace que no contactas a ese amigo o amiga?  Hace días que piensas en hacerlo.  La tecnología moderna hace más fácil acercarse a esa persona.  No lo dejes para después.  Puede ser el contacto que esperaba hace tiempo.

Oración

Señor, no hay otro amigo como Tú.  Que privilegio que me hayas convertido en Tu amigo.  Ayúdame a afirmar mis amistades.  Amén.