1 de diciembre de 2017

Eclesiastés 7.23-12.14

 

«Acuérdate de tu Creador en los días de tu juventud, antes que vengan los días malos, y lleguen los años de los cuales digas: No tengo en ellos contentamiento. El fin de todo el discurso oído es este: Teme a Dios, y guarda sus mandamientos; porque esto es el todo del hombre».

Eclesiastés 12.1,13 (RVR1960)

 

Entre conversaciones casuales, la venta de bacalaítos ciegos, el vaso de papas con ketchup, el cheese dog y una que otra alcapurria, se escuchaba el sonido del bate de aluminio haciendo contacto con la bola que luego recogía el guante. 

El tono de la tarde del domingo era de fiesta y con la anuencia del sol alegre el «umpire» cantó «play ball». De inmediato comenzaron los vítores de apoyo en las gradas y la creatividad de letras hecha canción sonaba acompañada de músicos de pandero y trompeta, entre uno que otro ruidoso que no perdía la oportunidad de accionar su corneta. 

Allí estaba yo invitado por la siempre alcahueta tití para ver jugar a mi primo más pequeño entonces. Parado frente a la verja pensando y anticipando lo que habría de suceder. «Este juego termina en dos horas, ganamos y nos espera la celebración en la pizzería. Cuando vengamos a llegar a casa de abuela, ya empezó el culto de la noche y me vendrán a buscar a la salida». 

Entre mi insistencia en el cálculo de horas, las canciones, el juego de pelota y el ruido de la corneta, de forma audible escuché con suavidad una y otra vez: «Eclesiastés 12.1». Nunca me había pasado. Estaba escuchando una palabra de cuatro sílabas que nunca había escuchado. Y la escuché con claridad en más de una ocasión. 

Al día siguiente, me preparé para la escuela y de inmediato fui al comedor antes de las devociones en familia y tomé la Biblia. Busqué en el índice porque por alguna razón entendía que se trataba de una cita bíblica. Cuando al fin lo encontré lo leí en voz baja:

«Acuérdate de tu Creador en los días de tu juventud, antes que vengan los días malos, y lleguen los años de los cuales digas: No tengo en ellos contentamiento». 

Después de algún tiempo aprendí que aquellas palabras las dijo Salomón en una etapa de madurez y reflexión de su vida. Ese «Acuérdate», que es palabra viva hoy y siempre, penetró en mi vida desde entonces y lo recuerdo como el consejo sabio que se comparte con la dulzura con la que se le habla a un niño, pero igual, con el ánimo firme de quién quiere precisar asuntos determinantes para la vida. Después de todo como comparte el sabio que dice mucho hablando poco: «El fin de todo el discurso oído es este: Teme a Dios, y guarda sus mandamientos; porque esto es el todo del hombre». 

Oración

Señor, gracias por la palabra sabia y tu cuidado eterno. Ayúdame cada día a guardar y a vivir en tus mandamientos. En el nombre de Aquel que es Camino, Verdad y Vida. Jesucristo el Señor. Amén.