1 de junio de 2017

Josué 1-4

«Después de la muerte de Moisés, Dios habló con Josué hijo de Nun, que había sido ayudante de Moisés. Dios le dijo a Josué: —Ahora que mi servidor Moisés ha muerto, te toca a ti guiar al pueblo de Israel. Cruza el río Jordán con todos ellos, y llévalos al territorio que les voy a dar». Josué 1.1-2 (TLA)

Ante la muerte de Moisés, de quien el mismo Dios se refiere como «mi servidor», surge el llamado de Dios.  Aquel que respondía al nombre de Oseas, nombre que significa «salvación», y al cual Moisés cambió por Josué, que significa «Jehová es la salvación», viene a ser la respuesta de Dios para liderar a Su pueblo en el camino a la promesa.

Entre los nombres de los que fueron antes y los que fueron después, se hilvana la historia de un pueblo que se hizo siervo ante su Dios.  Igual es en nuestro tiempo.  Nombres de hombres y mujeres que han sido respuesta de Dios en ocasiones puntuales en la vida de la Iglesia, y han asumido con esfuerzo y valentía Su llamado, haciendo conforme a la voluntad del que les ha llamado por su nombre.

Pero sobre todo nombre, hay un Nombre que es sobre todos: Dios.  Ante los años de los que fueron, son y serán, Él es el Eterno.  Por lo que sin disminuir el valor de los que se ofrendan en servicio, es necesario afirmar que el pacto de Dios para con Su pueblo supera las instancias, los momentos y las personas.  Él sostiene Su palabra de promesa más allá de lo circunstancial.

En la transición, cuando surgen cambios.  En el «¿y ahora qué?», no olvidemos de dónde viene nuestra salvación.  ¡Jehová es nuestra salvación!  No importa qué, si Él ha prometido, Él cumplirá.  «Mas los sacerdotes que llevaban el arca del pacto de Jehová, estuvieron en seco, firmes en medio del Jordán, hasta que todo el pueblo hubo acabado de pasar el Jordán; y todo Israel pasó en seco».  ¡Nos toca caminar!

Oración

Señor, en tiempos de incertidumbre Tu Palabra y Tus promesas son certeza a nuestra vida.  Sobre todo, y todos, Tú eres nuestro Dios.  En el nombre de Aquel que es Camino, Verdad y Vida; Jesucristo nuestro Señor.  ¡Amén!