16 de diciembre de 2016

1 Timoteo 6

“Mas tú, oh hombre de Dios, huye de estas cosas, y sigue la justicia, la piedad, la fe, el amor, la paciencia, la mansedumbre.” (1 Timoteo 6:11 NVI)

 

“Hombre de Dios”.  Así llama el autor de esta carta a Timoteo.  Hace una distinción entre aquellos líderes que habían encontrado en el evangelio una manera de lucrarse y los que habían encontrado su verdadera riqueza en el mensaje del evangelio.  El consejo de Pablo pretende instar al incipiente ministro a que persiga los valores de evangelio, que son: la justicia, la piedad, la fe, el amor, la paciencia y la mansedumbre.

Cada creyente debe apropiarse del consejo de Pablo, más aún en nuestros tiempos.  Vivimos en un ambiente tan inhóspito, que cada vez se nos hace más difícil vivir conforme a los valores del Reino de los Cielos.  Definitivamente, el mundo camina en la dirección contraria.

Una demostración de esto, es la época que disfrutamos.  Estamos en medio de la celebración de la Navidad, que es buena noticia al ser humano: Amor, paz, benevolencia, esperanza y sanidad al alma.  Lamentablemente, es de todos conocido que lo bello y especial, aquello que es lo eterno y debería tener mayor significado para la humanidad, ha sido opacado por lo efímero, temporal y vano.  Las casas están iluminadas, las familias se envuelven en preparativos para sus encuentros y se comparten presentes los unos con los otros.  Sin embargo, a veces pasamos por alto que el verdadero motivo de la celebración es que un día Dios nos regaló a Su Hijo Jesucristo.  Él es la máxima expresión del amor y el mejor modelo de lo que es la humildad.  Su llegada trajo fe, esperanza y paz, y Su mensaje es la justicia y el amor.

Hoy, más que nunca, el consejo de Pablo sigue siendo pertinente.  La débil y cansada humanidad necesita que testifiquemos con nuestra vida que no hay tesoro más grande que tener a Cristo en el corazón.  Vivamos los valores que proclama la verdadera Navidad y con valentía pregonemos el mensaje de esperanza y salvación.

 

Oración

Señor, gracias Te doy por este día en el que puedo disfrutar de Tu gracia y Tu poder.  Te pido que me ayudes a reconocerte cada día y a no contaminarme con el materialismo que pregona el mundo de hoy.  Enséñame a vivir como Tú viviste y a caminar como solo pueden hacerlo los que Te han abierto el corazón. En el nombre de Jesús.  ¡Amén!

Autor: Migdalis Acevedo