21 de enero de 2017

1 Pedro 2

 

“Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable”.  1 Pedro 2:9 RV 1960

 

El sentido de pertenencia es la satisfacción que siente una persona al ser parte de un grupo, de una familia, de un país, etc.  Quien tiene sentido de pertenencia, se identifica con sus pares y con los valores que los distinguen, entiende lo que se espera de sí y tiene sentido de propósito.  Por el contrario, el no sentirse parte de un grupo puede llegar a incidir en la integridad emocional de una persona, causándole soledad e incertidumbre con respecto a su futuro y el propósito de su vida.

El apóstol Pedro, de alguna manera, pretende afirmar el sentido de pertenencia y la identidad de sus lectores.  Él escribe a una iglesia incipiente que se desarrollaba en medio de gran persecución.  Aquellos que la componían, habían perdido todo por causa del evangelio: posesiones, lazos afectivos y su lugar en aquella sociedad.  Por ello, qué desde el inicio de la carta, Pedro los llama, “peregrinos”, “advenedizos”, “extranjeros”, en medio de un mundo contrario a su nueva identidad espiritual.

Más adelante, el Apóstol hace una de las expresiones más hermosas y esperanzadoras que se han hecho para describir a la iglesia del Señor.  Les llama: “linaje escogido”, “real sacerdocio”, “nación santa”, “pueblo de Dios”.  Esta expresión, no solo definía quienes eran los creyentes, también establecía su propósito y su misión.  Eran un pueblo que Dios había escogido para anunciar su virtudes, portentos, maravillas y misericordias, a un mundo en oscuridad.  Al pueblo de Israel les unía su linaje, su ADN.  A los creyentes les unían e identificaban su fe, su esperanza, su entrega al servicio del Señor y Su propósito.

Todos debemos al menos haber escuchado el cántico: “Somos el pueblo de Dios, somos un pueblo especial…”  Lo somos… Porque un día Dios nos sacó de las tinieblas a la luz admirable.  Y si este mundo nos resulta cada día más inhóspito, es porque no pertenecemos a él.  Mientras vivamos en él, hagámoslo como Dios espera que viva el pueblo que compró para sí y proclamemos a otros acerca de Su grande amor.

 

Oración

Padre, Te damos gracias por Tu misericordia y Tu grande amor.  Hoy queremos entregarte todo lo que somos.  Reconocemos que vivíamos en tinieblas y qué si hoy tenemos luz, es por Tu gracia.  Deseamos ser instrumentos para Tu gloria, vidas que proclamen a otros esperanza y salvación.  Úsanos, para la gloria de Tu Nombre.  Amén.

Autor: Migdalis Acevedo