13 de noviembre de 2017

Salmos 146-150

«1Aleluya. ALABAD a Dios en su santuario: Alabadle en la extensión de su fortaleza. 6Todo lo que respira alabe á JAH. Aleluya.» Salmo 150.1 y 6 (RV)

Los cielos cuentan la gloria de Dios y el firmamento anuncia la obra de Sus manos.  De la confusión y el caos creó el mundo por medio de Su poderosa Palabra creadora.  Con ella, ordenó y todas las cosas fueron hechas.  No existe nada en el universo que no responda al poder de la Palabra creadora de Dios.  El Señor es el alfa y el omega, o sea, el principio y el fin.  No hay nada que se pueda esconder del poder de esa Palabra que ordena y las cosas son hechas.  Por eso, el salmista nos invita a alabar al Señor en Su santuario y en la extensión de Su fortaleza.  Invita a alabarlo con todos los instrumentos musicales por Sus proezas y Su grandeza.  Todo lo que respira, lo que tiene vida, debe alabarlo porque por Él fuimos creados.  Si existimos, si habitamos sobre la faz de la tierra, es porque Dios se complació en crearnos y darnos un soplo de vida.  El Señor es grande y poderoso y se compromete con el cuidado de Su creación.  Su gloria no se limita a manifestarse en la hermosura de Su creación.  También se manifiesta en sus intervenciones poderosas en la historia humana para salvar y sanar a Su pueblo.  En consecuencia, el Señor se merece toda la gloria y la alabanza.  Así que, nuestra respuesta a la acción creadora de Dios es alabarlo con toda la vida.  Alabémoslo en las casas en la intimidad del hogar, en las calles y donde quiera que estemos.  Démosle también, alabanza junto a la familia de la fe en el santuario.  Alcemos nuestras manos, abramos nuestras bocas y demos al Señor la mejor alabanza y adoración.

Oración

Señor, hoy queremos darte la mejor de nuestra alabanza y adoración.  Gracias por habernos creado y por Tu manifestación en todas las instancias de la vida humana.  Ayúdanos a que nuestra vida sea una expresión viviente de adoración a Ti.  Amén.