Cumpliendo la voluntad del Padre

6 de abril de 2016

San Mateo 26.30-46

Cumpliendo la voluntad del Padre

«Padre mío, si es posible, pasa de mi esta copa, pero no se haga como yo quiero sino como tú.»

(Mt 26.39)

Jesús celebró la Pascua judía con sus Discípulos, dándole un nuevo contenido.  El pan era símbolo de Su cuerpo, la copa era símbolo de Su sangre y de un nuevo pacto.  Se trataba, no de evocar la liberación de Israel de la esclavitud egipcia, sino de la liberación de la humanidad del yugo del pecado y de la muerte.

Jesús sabía quién era, a qué había venido, quién le había enviado y cuál era el costo real de su misión redentora: la entrega de Su cuerpo y de Su vida en los brazos de una cruz.

Al oír los Discípulos a Jesús hablar de morir y resucitar, Pedro, impetuoso como era, dijo, osadamente: «Aunque tenga que morir contigo no te dejaré».  Y todos los demás, como para no quedarse atrás, «dijeron lo mismo» (Mt 26.35).  Pero, cuando llegó la hora de la verdad, Pedro negó a Jesús tres veces y todos los discípulos huyeron despavoridos (Mt 26.55-56).

Jesús, en cambio, se afirmó en su vocación mesiánica, amando a los suyos hasta el fin y cumpliendo la voluntad del Padre.

Oración: Señor, al tomar conciencia de nuestra vocación como cristianos, deseamos afirmarnos en el costo de nuestro discipulado, que padezcamos y muramos con Cristo.  En Su nombre oramos.  Amén.

 


«Le pondrás por nombre Jesús»

1 de marzo de 2016

Mateo 1

«Le pondrás por nombre Jesús»

«…y le pondrás por nombre Jesús» Mateo 1.21b

Desde el mismo comienzo de su Evangelio, Mateo afirma que Jesús, nacido en el hogar de José y María, descendientes de Abraham, es el Cristo (Mt 1.16), el esperado «ungido de Dios», por todas las generaciones.  Pero este «Mesías» no lo sería sólo para los judíos, sino para todas las naciones, para todos los seres humanos de la faz de la tierra.  Este Mesías no excluiría a nadie, por distingos humanos de raza, religión, ideología política, posición social, sexo, cultura, edad o profesión.

Este Mesías salvaría a los seres humanos del germen del pecado que nos separa de Dios y nos enajena del prójimo, privándonos de realizar y desarrollar nuestro máximo potencial como seres humanos, para el bien de todos los integrantes de la sociedad.  Por eso se llamará su nombre «Jesús», nuestro Salvador.

Oración

Señor, te reconocemos como Dios de promesas y bendición y te damos gracias por regalarnos a tu hijo Jesús, como Salvador y como presencia divina, Emmanuel, «Dios con nosotros» que nos acompaña y aconseja en el devenir de nuestra existencia.  En su nombre oramos muy regocijados.  Amén.

Autor Rvdo. Luis Del Pilar