Velad con diligencia

3 de abril de 2016

San Mateo 25.1-13

«Velad, pues, porque no sabéis ni el día ni la hora en que el Hijo del hombre ha de venir.» (Mt 25.13)

En el Reino de Dios, la negligencia en el cumplimiento de nuestros deberes cristianos conlleva graves consecuencias, inclusive ser borrados nuestros nombres del libro de la vida.  El llamado divino es a ser proactivos y promotores del regreso del Señor para instaurar, de una vez y por siempre Su reino de justicia y de verdad, de amor y fraternidad, de rectitud y decencia.  Basta ya de injusticias, mentiras, desamor, odios, indecencias y de cristianos conformados al mundo impío, de cristianos viviendo dobles vidas, negligentes y descuidados.

Las vírgenes prudentes y diligentes de la parábola, después de la larga espera, entraron con el novio a la fiesta de bodas.  A las insensatas y negligentes se les hizo muy tarde.  Cuando quisieron entrar al gran salón de la fiesta, el mismo novio les dijo: «No os conozco».  Quedaron excluidas por su negligencia.

Así que, con humildad y reverencia, con temor y temblor, sigamos el consejo del Señor, oremos y velemos con tesón y firmeza, para que no seamos hallados desapercibidos y excluidos del banquete celestial.

Oración: Señor, yo quiero ser diligente, cumpliendo mis deberes cristianos, velando y orando, trabajando por tu reino que ha de venir.  No importa los sufrimientos por los que sea necesario pasar yo quiero perseverar fiel a Ti y a Tu palabra hasta el fin.  Aumenta mis fuerzas para jamás caer en negligencia.  Por Cristo.  Amén.


Perseverando hasta el final

1 de abril de 2016

San Mateo 24.1-28

Perseverando hasta el final

«… el que perseverare hasta el fin éste será salvo.» (Mt 24.13)

Durante la última visita de Jesús a Jerusalén, para confrontar a los líderes religiosos de su pueblo con su palabra transformadora y retadora, le habló a sus discípulos sobre el fin de los tiempos. Jerusalén sería destruida y no quedaría en pie «piedra sobre piedra». Esta profecía se cumplió en el año 70 d.C.

Después de esta conversación, Jesús salió de la ciudad hacia el monte de los olivos, donde solía retirarse a orar. Allí los Discípulos le pidieron más detalles sobre el fin de los tiempos. El cuadro que Jesús pintó fue sombrío: falsos cristos y profetas, guerras, pestes, hambres, terremotos, persecución y muerte de cristianos, desamor, odios y rencillas. Pero no faltarían fieles que perseverarían hasta el fin, para que el Evangelio del reino fuera predicado en todo el mundo.

Nos asustan los tiempos que vivimos, pues se parecen mucho a lo que Jesús explicó a sus discípulos hace veinte siglos. Pero el llamado de Dios está en pie y vigente: es necesario perseverar fieles al Señor y a sus promesas hasta el fin y obtendremos «la corona de la vida».

Oración: Te pedimos, Señor, que nos sigas acompañando y afirmando en nuestra vocación cristiana siendo fieles, no importa los tiempos difíciles que vengan a este mundo, siempre proclamando el Evangelio con nuestra vida y testimonio. En el nombre de Jesús oramos. Amén.