12 de octubre de 2016

1 Corintios 12.14-31

 

«Cuando una parte del cuerpo sufre, también sufren todas las demás.  Cuando se le da importancia a una parte del cuerpo, las partes restantes se ponen contentas.  Cada uno de ustedes es parte de la iglesia, y todos juntos forman parte del cuerpo de Cristo». (1 Corintios 12. 26-27 TLA)

Todos estábamos entusiasmados y en cuenta regresiva.  Éramos muy unidos y llevábamos tiempo acariciando la idea de hacer un viaje juntos.  Al fin la idea comenzaba a concretizarse.  ¿Para dónde vamos?  Decidirlo, llevó su tiempo.  Tiempo también llevó decidir la fecha, la aerolínea, el hotel, los lugares a visitar, si alquilar varios vehículos o una guagua de pasajeros, porque éramos muchos.

Llegó el día de partir y todos llegamos vestidos con la misma camisa.  ¡Que emoción!  Nos vamos de vacaciones.  Al momento de abordar comenzaron las solicitudes.  ¿Puedes cambiar de asiento conmigo?  Es que prefiero la ventanilla.  Y así durante el vuelo se volvieron a repartir los cuartos del hotel.  Y entre cada tema una decisión, y sobre cada decisión una prueba de convivencia.

Para qué voy a seguir, si seguramente usted lo ha vivido o le han contado.  Lo cierto es que la alegría de hacer un viaje juntos se disipaba a medida que la realidad cotidiana amenazaba las relaciones.  Bastaba con que llegara la hora de comer, para que se desatara la hecatombe y al final cada cual por su lado.

El apóstol Pablo hace uso de la analogía del cuerpo para referirse a la Iglesia.  Nos lleva a sumergirnos en una mirada profunda de nuestro diseño biológico para elevarnos a la sabiduría de Dios.  Las divisiones en la iglesia de Corintios rechazaban la koinonía o la comunión eclesiástica.  El planteamiento paulino propone que es la vinculación de las partes, a través del Espíritu Santo, lo que da forma al cuerpo de Cristo.  No hay vida, no hay iglesia en la desvinculación de las partes.  “Cuando una parte del cuerpo sufre, sufren los demás.  Cuando se le da importancia a una parte del cuerpo, las partes restantes se ponen contentas”.  Somos uno con el otro.

Cada quién por su lado, no era parte de hacer un viaje juntos.  Hacer el viaje juntos nos enseñó que mucho más allá de camisas iguales, la unidad se construye en el menguar, en ser guarda de nuestro hermano(a), en la hermosura de la hermandad armoniosa, en el caminar juntos en búsqueda incesante por el acuerdo.

 

Oración

¡Dios ven a nuestro auxilio!  Queremos ser uno en Ti.  Hacer nuestro el sentir de nuestro hermano(a).  Espíritu Santo de Dios desarma nuestro yo y arma el todos nosotros por el cual fue vertida la sangre de Cristo en la cruz del Calvario.  En el nombre de Aquel que es camino, verdad y vida.  Amén.

 

Autor: David Cortés