3 de abril de 2017

Éxodo 21-22

«No maltraten a los refugiados en el país, ni los hagan esclavos. Recuerden que también fueron extranjeros en Egipto».  Éxodo 22.21 (TLA)

 

Entre mandamientos y leyes para ofrecer estructura, referencia y guía al pueblo que camina hacia la promesa, Dios le recuerda a Su pueblo su pasada condición de extranjeros en tierras de Egipto para puntualizar sobre el querer de Dios en cuanto al trato de los extranjeros y los refugiados: «No maltraten a los refugiados en el país, ni los hagan esclavos».

Para Dios los que viven al margen, en las orillas, los invisibilizados por las estructuras del poder sociopolítico-económico, los oprimidos, los extranjeros, los sin nombres, los refugiados, los que son objeto de la burla, del desprecio y del olvido, son y serán siempre Su razón para descender.  El «no» de Dios en favor de los anteriores, es Su llamado de amor en servicio, cuidado, protección, dignidad, liberación y salvación.

Es muy fácil olvidarnos de los demás cuando creemos vivir en otra realidad.  Cuidado con pensar que nuestra liberación reside en nuevos espacios de vida en los cuales no hay cabida para la igualdad en relación a los que son diferentes.  En olvidar con facilidad lo que nos es conveniente a nuestras estructuras de pensamiento.  Nos es suficiente saber lo que le sucede al que sufre para ilustrar nuestro conocimiento, alborotar nuestra conciencia y hasta desplegar nuestro morbo en entretenimiento y chistes.  Sin poner cadenas en sus manos, los hacemos esclavos de nuestro prejuicio, de nuestra sin razón y de nuestra más despiadada indiferencia.  No olvidemos que la realidad de ese otro, que también es nuestro hermano, es también nuestra realidad.  ¡Sin amor no hay liberación!

Oración

Señor, ayúdanos a vivir conscientes de nuestras actitudes y conducta para ser reflejos de Tu amor y Tu justicia.  Que nunca olvidemos Tu trato de liberación.  En el nombre de Aquel que es Camino, Verdad y Vida; Jesucristo nuestro Señor.  Amén.