6 de diciembre de 2016

1 Tesalonicenses 4.1-5.11

Tampoco queremos, hermanos, que ignoréis acerca de los que duermen, para que no os entristezcáis como los otros que no tienen esperanza.  Si creemos que Jesús murió y resucitó, así también traerá Dios con Jesús a los que durmieron en Él. (1 Tesalonicenses 4.13-14)

 

Cuando estamos en una carrera, a medida que nos acercamos al final nos duelen los pies, la garganta nos arde y todo el cuerpo clama para que se termine.  Este es el momento cuando necesitamos un estímulo que nos ayude a sobreponernos y poder alcanzar la meta.  Así nos sucede en la carrera de la vida cristina.

La iglesia de Tesalónica, en su carrera de fe, enfrentó dificultades diversas.  Sintieron cansancio, confusión, tristeza y desesperanza.  A medida que se esforzaban por llegar a la meta. se debilitaban.  Pero Pablo los animó con un mensaje de exhortación y consuelo.  Por un lado, los retó a agradar a Dios en su vida diaria y, por otro lado, los consoló, recordándole la esperanza de la resurrección.

Imagino a Pablo exclamando lo siguiente: ¡Adelante, no desistan, si creen en Cristo vivirán!  Un día todos los creyentes, tanto los que estén vivos como los que hayan muerto, se unirán para siempre con Él.  Porque Jesucristo resucitó, todos los creyentes también resucitaremos.  Por lo tanto, no debemos desesperarnos cuando nos enfrentamos a la muerte o cuando los acontecimientos mundiales siguen un rumbo trágico.  Dios convertirá nuestras tragedias en triunfos, nuestro dolor en gloria y nuestra derrota en victoria.  Nuestra esperanza es que todos los creyentes se volverán a unir en la misma presencia de Dios, salvos y seguros.

Por eso, cuando se sienta abrumado y afligido por las dificultades, ¡avive su esperanza en la realidad de la venida de Cristo, Su resurrección y la vida eterna!

Supongamos que Él viniera hoy, ¿estamos listos para encontrarnos con Él?  Vivamos cada día preparados para dar la bienvenida a Cristo.

 

Oración

Padre, en Ti está nuestra esperanza.  Permite que vivamos por fe, con la esperanza viva, de que un día estaremos eternamente en Tu morada.  Ayúdanos, para qué en la carrera de fe, prosigamos hacia la meta, afirmados por Tu presencia.  Por Cristo.  Amén.

Autor: Gina Marrero