17 de noviembre de 2014

Efesios 4:17-32

“En cuanto a la pasada manera de vivir, despojaos del viejo hombre, que está viciado conforme a los deseos engañosos, y vestíos del nuevo hombre, creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad.” (Efesios 4:22,24 RVR 1960)

 

Un agricultor llevó un cerdo a su casa.  Lo bañó, le aseó las patas, le roció con perfume y le puso finos accesorios.  Se veía magnífico, tan limpio que hasta podría ser aceptado en sociedad.  Por un rato se comportó con toda corrección, pero al abrirse la puerta escapó y se fue a revolcar al primer lodazal que encontró.  ¿Por qué́?  Porque por más elegantemente vestido que estuviera, aún era un cerdo, su naturaleza era la misma, pues el cambio había sido solo en su exterior.

Al parecer así sucedía con los creyentes de Éfeso.  Pablo les insta a no vivir como vivían los “gentiles”.  Ellos eran gentiles, pero habían recibido a Cristo y debían vivir de una manera distinta.  No era cuestión de un cambio cosmético, exterior o simbólico. De nada valía que llevaran el nombre o etiqueta de “creyentes” si se revolcaban en la mentira, la injusticia, la ira y la deshonestidad.  Era meritorio un cambio en su naturaleza y en su esencia.

La imagen que utiliza el apóstol es adecuada.  Por un lado, desvestirse, quitarse y sacarse de sí el “viejo hombre” o la “vieja manera de vivir”.  En contraste, ponerse, adoptar y dejar fluir en su vida la transformación total que conlleva tener a Cristo en el corazón.  Este cambio, según el texto, no es algo inmediato, sino un proceso de santificación que se va gestando en el alma día a día y solo por obra del Espíritu.

Sería bueno preguntarnos: ¿Cómo estamos viviendo nosotros?  Nuestra transformación, ¿es como la del cerdo de la historia?  Cosmética, externa y de nombre o ¿verdaderamente somos nueva criatura en Cristo?  Si es así, según aconseja el apóstol, andemos en la verdad, el amor y la justicia.  Que nuestra vida sea de edificación a aquellos a nuestro alrededor.

 

Oración

Señor, gracias porque un día llegaste a mi vida.  Ese día nací de nuevo.  Te pido que me ayudes cada día a vivir como Tú quieres que viva.  Que Tu Espíritu me redarguya y si aún quedare algún rastro del viejo y carnal vestido, ayúdame a echarlo de mí para vestirme de la nueva naturaleza en Ti.  Amén.

Autor: Migdalis Acevedo