1 de noviembre de 2017

Salmos 105

«Alabad a Jehová, invocad su nombre; dad a conocer sus obras en los pueblos. Cantadle, cantadle salmos; hablad de todas sus maravillas”. Salmos 105.1-2 (RVR1960)

 

Cuando definimos nuestros días como inciertos, adversos e intensos, la manera en cómo nos conducimos, nos comportamos y hasta nuestra capacidad para tomar decisiones puede verse en estrecho. Vernos y sentirnos sin la capacidad para proyectarnos al mañana urge de lo más profundo de nuestro interior un acto seguro.

El salmo 105 muestra de manera indubitable que nuestra seguridad está en aquel que es Eterno. El salmista se invierte a favor del pueblo en imperativos a la alabanza, a invocar su nombre, a proclamar sus obras, a cantar con alegría, hablar de sus maravillas, a buscarle sin descanso. En medio de toda forma de vida inestable, hay anclados en nuestro recuerdo histórico y vivo lo que el Espíritu Santo de Dios ha depositado en nosotros y trae a nuestra memoria para avivar nuestro espíritu a través de Su fidelidad concreta en maravillas, milagros y decretos que son para el bienestar de nuestra vida y que igual podemos precisar en amor, protección, justicia, paz, liberación y provisión.

Hoy es día para discernir entre la historia que construyen y deshacen los especuladores del hoy y la historia de vida y fidelidad del Eterno, Creador y Sustentador de cielo y tierra, para hacer distinciones importantes y relevantes entre narraciones de camino y la palabra de Dios. Dios nos llama en todo tiempo y enfatiza en nuestros tiempos a través de su palabra, a dar pasos de obediencia segura que nos afirmen en el compromiso de seguir sin variación aquello que Él ha establecido. Lo que Dios ha hecho en el pasado es provisión y sustento a nuestro presente y esperanza segura al futuro. ¡Su presencia sempiterna es nuestro anuncio en palabras y acciones! Aleluya.

«Dinos otra vez la historia

Del amor del Salvador;

Tan bendita y grata historia

Nos hará cantar su gloria;

Dinos otra vez la historia de su amor». 

Oración

Señor, ayúdanos en este tiempo puntual a no ser narradores inconsecuentes. Más bien a ser portavoces con gozo y alegría «de tan bendita y grata historia… la historia de Su amor». En el nombre de Aquel que es Camino, Verdad y Vida. Jesucristo el Señor. Amén.