4 de julio de 2017

1 Samuel 29–31

«¿Qué hacen aquí esos israelitas? Y Aquís les contestó: Vienen con David, el que era ayudante de Saúl, el rey de Israel. David se apartó de Saúl, y hace ya más de un año que está conmigo. Desde entonces ha sido muy fiel. No tengo nada que decir en su contra». 1 Samuel 29.2

La mirada suspicaz de los jefes de los filisteos se concretó en cuestionamiento ante su rey por la presencia de David y sus hombres en medio del ejército. «¿Qué hacen aquí esos israelitas?». Desde su llamado hasta entonces, la presencia de David le resulta incómoda a los presentes.

En ocasión del desafío de Goliat, su hermano mayor, Eliab, le dijo a David: «¿Para qué has descendido acá?». Cuando el celo se apoderó del rey Saúl, procuró la ausencia de David con orden de muerte: «habló Saúl a Jonatán su hijo, y a todos sus siervos, para que matasen a David». Entre su casa y su pueblo David no era bien visto por algunos. Y no deja de ser distinto en medio de los filisteos.

Entre el rechazo de algunos se hace el contraste con la aceptación de otros. Los que miran más allá, encuentran en David al próximo rey de Israel. Los que miran como Jonatán, encuentran en David a un amigo. Los despreciados y marginados encuentran en la cueva a un líder. Aquís, rey de los filisteos, al mirar a David encuentra a una persona íntegra y fiel sobre la que él mismo manifiesta: «No tengo nada que decir en su contra».

Pero una vez más David es mirado injustamente. Cuidado con hacer de la misma manera hacia los demás. Que la suspicacia, el celo, el rencor, el orgullo, el odio, la indiferencia, no aniden en nuestros corazones llevándonos al laberinto de la especulación que rechaza y margina al otro en un acto de obstinación.

«Aquís llamó entonces a David, y le dijo: Te juro por Dios que yo no tengo nada contra ti. Desde el día que llegaste hasta hoy, tú has sido fiel conmigo. Pero los jefes de los filisteos no confían en ti. Así que regresa en paz…». Procuremos que nuestra mirada sea limpia y transparente como la del rey Aquís y ofrezcamos un testimonio fiel y verdadero sobre quien ha sido de bienestar a nuestras vidas.

Oración

Señor, que nuestra mirada sobre el otro no se exprese en prejuicios o temores de rechazo. Que miremos como Tú miras para ver lo que Tú ves. En el nombre de Aquel que es Camino, Verdad y Vida. Jesucristo el Señor. Amén.