24 de junio 2017

1 Samuel 6-8

«El Señor le respondió: atiende cualquier petición que el pueblo te haga, pues no es a ti a quien rechazan, sino a mí, para que yo no reine sobre ellos».  1 Samuel 8.7 (DHH)

 

Le pregunté al médico, qué esperaba de un representante médico en su visita.  Me dijo: “que no me haga perder el tiempo, como lo estoy perdiendo ahora mismo”.  Respiré, medité y seguí realizando mi trabajo, pues para eso estaba allí y por eso me pagaban.

Recordé ese “incidente” al leer la historia de hoy.  El pueblo de Israel pidió rey como las demás naciones.  Samuel se sintió rechazado pues había sido su líder (muy efectivo) por muchos años.  Dios le indicó, para su tranquilidad, que no era Samuel el rechazado, sino Dios mismo.

Hay veces que nos asusta el que nos puedan rechazar cuando le hablamos a alguna persona acerca del Evangelio de Cristo.  Decidimos, antes de ejecutar, que lo que nos espera es el fracaso.  Nos paralizamos y retenemos las buenas nuevas que estamos llamados a compartir.

Hay que recordar entonces que a quien se rechaza es al Dios de amor que busca al ser humano.  No es a ti ni a mí pues no proclamamos nuestro mensaje, sino el de Dios.

Un episodio increíble de rechazo, lo vemos en el pasaje de la liberación que hizo Jesús con el gadareno (Marcos 5.1-20).  Los habitantes del lugar, después de ver la transformación del hombre endemoniado que los atemorizaba, le pidieron al mismo Jesús que se fuera de su región… Inconcebible.

Sigamos hablando de Cristo cada vez que tengamos la oportunidad.  A eso fuimos comisionados.

Al pasar del tiempo, el médico que me “rechazó” se convirtió en un buen amigo.

Oración

Gracias Padre, por el privilegio de ser portadores de Tu Palabra de vida.  En Jesús.  Amén.