7 de agosto de 2017

2 Reyes 21.1-23.20

«Y poniéndose el rey en pie junto a la columna, hizo pacto delante de Jehová, de que irían en pos de Jehová, y guardarían sus mandamientos, sus testimonios y sus estatutos, con todo el corazón y con toda el alma, y que cumplirían las palabras del pacto que estaban escritas en aquel libro. Y todo el pueblo confirmó el pacto». 2 Reyes 23.3 (RVR1960)

El resumen sobre la vida de Josías dice: «E hizo lo recto ante los ojos de Jehová, y anduvo en todo el camino de David su padre, sin apartarse a derecha ni a izquierda». Un momento puntual de su reinado fue aquel cuando escuchó las palabras del libro de la ley en labios del escriba Safán. El gran hallazgo del sumo sacerdote Hilcías, provocó las rasgaduras del rey en un acto de humildad y contrición ante Dios.

Escuchar las palabras del libro de la ley desató todo un concierto de actos afirmativos en la búsqueda de hacer la voluntad de Dios. En esa dirección, el rey ordenó a varios de sus siervos a preguntar y a consultar a Jehová, desde el reconocimiento de la desobediencia, «por cuanto nuestros padres no escucharon las palabras de este libro».

Más adelante podemos encontramos al rey Josías en pie, haciendo pacto delante de Jehová. Se comprometió a guardar sus mandamientos, testimonios y estatutos. Y que lo haría: «con todo el corazón y con toda el alma». Y no solo él hizo así, dice el texto que: «todo el pueblo confirmó el pacto».

La palabra de Dios confronta nuestra vida. El libro de Hebreos dice: «La palabra de Dios es más cortante que una espada de dos filos, y penetra hasta lo más profundo de nuestro ser. Allí examina nuestros pensamientos y deseos, y deja en claro si son buenos o malos».

¿Cómo respondes al examen de discernimiento que hace Su palabra sobre tu vida? El rey Josías hizo lo propio. Sacó, quitó y derribó todo aquello que por años se ubicó, se estableció y se construyó en el lugar del Señor. ¿Qué harás tú? En este año, cuando celebramos los quinientos años de la reforma protestante, las reformas del rey Josías hablan con fuerza a nuestra vida. No basta con hallar Su palabra y reconocer nuestros pecados, es necesario hacer un examen profundo y deshacernos de todo aquello que nos separa de Su presencia y volver al compromiso de origen para abrazarnos a Su voluntad.

Oración

Como dijo Martin Lutero en su himno «Castillo Fuerte es nuestro Dios»: «Esa palabra del Señor, que el mundo no apetece, por el Espíritu de Dios, muy firme permanece». Que así sea siempre en nuestra vida. En el nombre de Aquel que es Camino, Verdad y Vida. Jesucristo el Señor. Amén.