8 de enero de 2017

Hebreos  11.15-40

 

«¿Y qué más digo? Porque el tiempo me faltaría… evitaron filo de espada, sacaron fuerzas de debilidad, se hicieron fuertes en batallas, pusieron en fuga ejércitos extranjeros. Fueron apedreados, puestos a prueba, muertos a filo de espada… de los cuales el mundo no era digno». Hebreos 11.34, 37a, 38a (RV60)

 

¿Cuál es tu historia bíblica de preferencia? ¿Cuál es el personaje bíblico de tu predilección? ¿Te hubiera gustado ser parte de esa historia? Es muy probable que el capítulo 11 de Hebreos sirva para fundamentar tu respuesta. En él, su autor hace una recopilación de eventos y personajes, que fueron inspirados por la fe en Dios. Ellos «evitaron filo de espada, sacaron fuerzas de debilidad, se hicieron fuertes en batallas, pusieron en fuga ejércitos extranjeros».

Yo también, al igual que tú, tengo mis personajes e historias predilectas. Recuerdo que hace unos años atrás, cercana las Fiestas de Reyes, obediente a la tradición, fui al patio trasero para arrancar el pasto con mis manos y depositarlo en una caja de zapatos. Seguido, la puse debajo de mi cama, con la esperanza de recibir aquellas figuras para niños, de David y Goliat, que había visto en la librería Don Checo. Esa fue la primera historia bíblica que captó mi atención. ¡El pequeño frente al gigante!  «Tu vienes contra mí con espada, lanza y jabalina; mas yo vengo a ti en el nombre de Jehová».

Con el transcurrir de los años, a través de la enseñanza de mis padres, la formación en la escuela bíblica, los encuentros de veranos, otros esfuerzos de la iglesia e inquietud propia, descubrí y profundicé en la vida de otros personajes e historias bíblicas. Estos, a diferencia de los anteriores, «fueron apedreados, puestos a prueba, muertos a filo de espada». Hombres y mujeres, algunos son poco mencionados y otros son anónimos. Así pues, ante lo que pudiera parecer una inconsistencia, entre los que puesta su confianza en Dios «evitaron filo de espada» y los «muertos a filo de espada», se abrieron mis ojos ante esa fe que es don de Dios y ofrece congruencia a nuestras vidas.

Ante la tentación de ordenar las palabras y buscar el tono de voz adecuado, en función de alcanzar el anhelo personal, la fe, como confianza plena en Dios, no niega la realidad contextual, sino que la abraza con esperanza, provocando a Dios a contentura. Hebreos 11.39a (TLA) lo expresa así: «Dios estaba contento con todas estas personas, pues confiaron en él». En medio de tu escenario particular, la pregunta es «¿Puedes confiar en Dios?». Jesús dijo: «Para el que confía en él, todo es posible». Tal vez tu respuesta sea como la del padre del joven con un «espíritu malo», que con un grito abrazó la esperanza y dijo «Sí, confío en Dios», y sin negar su realidad contextual añadió: «¡Ayúdame a confiar más en él!».

 

Oración

Señor, que las historias de aquellos hombres y aquellas mujeres de fe, sean para nosotros una invitación a poner nuestra confianza en Ti, el Dios inmutable. Que junto a Ti construyamos nuestra historia. Ya sea que nos libres o nos invites a darnos, que sea a viva voz o desde el anonimato, que provoquemos en Ti la contentura que produce la fe y la obediencia a Ti. En el nombre de Aquel que es Camino, Verdad y Vida. Jesucristo el Señor. ¡Amén!