21 de septiembre de 2017

Job 8-9

 

«1 Respondió Job, y dijo: 2 Ciertamente yo sé que es así; ¿Y cómo se justificará el hombre con Dios? 3 Si quisiere contender con él, No le podrá responder a una cosa entre mil. 4 El es sabio de corazón, y poderoso en fuerzas; ¿Quién se endureció contra él, y le fue bien?»  Job 9.1-4 RVR60

 

En muchas ocasiones los seres humanos borramos o nos olvidamos de la distinción o la diferencia que hay o existe entre quien es Dios y quienes somos nosotros.  Podemos confundir la confianza que le tenemos con la irreverencia o la falta de temor de Dios y hasta llegar a dirigirnos a Él como a cualquier otro ser humano.  La data bíblica nos enseña varias cosas acerca de la reverencia que le debemos y tenemos que tener al Señor, por ejemplo, los sacerdotes en Israel tenían que purificarse antes de poder ofrecer los sacrificios (Hebreos 11.27).  Este acto constituía la incapacidad humana por si misma de presentarse ante Dios, pero a la misma vez revela la concepción o imagen que tenía el respeto a la figura de Dios, como diría el profeta: “con qué me presentaré delante del Señor para adorar Su nombre”.

Job responde de forma magistral a las preguntas inquisidoras de Bildad suhita, afirmando su dominio y autoridad sobre todas las cosas, “ciertamente es así, responde Job” porque no hay forma que el ser humano bajo su realidad pueda contender con aquel que tiene poder sobre todas las cosas.  De alguna manera todos hemos estado en la posición del patriarca Job, pensamos que podemos cuestionar a Dios y lo hacemos, frente al infortunio, alguna crisis mayor, cuando ocurre eventos que no podemos explicar, nos puede ocurrir.  La realidad de aquel momento trasciende su limitada humanidad y dice: “Me turban todos mis dolores…” (9.28ª).  Responder en la crisis nos hace vulnerables y podemos decir cosas que realmente no entendamos.  Podremos contender contra Dios, podemos desafiarle como a nuestro semejante, sabemos que no, pero en esos momentos donde aún estamos tan frágil emocionalmente puede que se nos ocurra, cuestionar y desafiar al Señor.

Mi hijo más pequeño enfermó, apenas era un bebé, un día mientras compartíamos un altar familiar, él comenzó a quejarse de dolor, el mismo fue aumentando hasta que lo tuvimos que llevar al hospital en donde lo dejaron.  Poco a poco fue perdiendo movilidad en su cuerpo hasta que dejo de caminar, fue un tiempo desesperante para nosotros como padres.  En ese tiempo era pastor en la ICDC Metropolitana, una noche el cuadro se complicó de tal manera que hubo que llamar a las enfermeras quienes llegaron y activaron una clave especial, que hizo que el cuarto se llenara de médicos y enfermeras, el niño tenía problemas respiratorios, se puso cianótico, en fin, parecía que todo se nos venía encima y el niño le dijo a su madre, “tan bien que yo estaba y ahora me voy morir”.  Mi esposa Ivette oró en aquel momento desesperante y le dijo al Señor, “este niño Tú nos lo diste, ahora yo te lo devuelvo, como quiera yo te voy seguir sirviendo”.

Job descubrió en su proceso que ante Dios uno tiene que reconocer que Él es Soberano y Señor de todas las cosas y ante Su presencia uno se humilla.  Puedes estar viviendo uno de esos momentos donde uno dice al Señor quita de mí Tu mano, uno necesita como tomar fuerzas nuevas para poder seguir en su batalla día a día.  Ante momentos de esa naturaleza solo Su amor y poder nos sostendrán.

Oración

Señor y Dios omnipotente, ante Ti estamos reconociendo que no somos merecedores de Tu amor y misericordia, que nos hemos desviado y apartado de Tus caminos en muchas ocasiones, pero hoy necesitamos que extienda Tu mano y nos levantes, perdones, sanes y restaures, en nombre de Jesús.  Amén.