27 de enero 2017

2 Pedro 3

Por eso, queridos hermanos, mientras esperan estas cosas, hagan todo lo posible para que Dios los encuentre en paz, sin mancha ni culpa. 2 Pedro 3.14 (DHH)

Siempre que tengo que esperar en una oficina o en una fila, aprovecho el tiempo leyendo.  No puedo quedarme mirando embelesado la malísima programación televisiva que normalmente se ve en las oficinas.  Cuando trabajaba por paga, esperar por el médico que visitaba, era parte del trabajo… Me pagaban por esperar.

Normalmente no nos gusta esperar… pero los cristianos somos gente de la espera.  Esperamos el día de “nuestra redención” final para estar para siempre con el Señor.  En el proceso, actuamos y bendecimos el lugar donde pisamos, la tierra donde vivimos.  Y es que las personas de la historia de la iglesia que esperaban ese encuentro, no esperaron en actitud pasiva.  A su paso por esta tierra, planificaron, trabajaron y se gastaron para el bien de los demás.

Es lo que ordena el apóstol en su carta.  Para que el Señor nos encuentre en paz cuando nos toque presentarnos ante Él, tenemos que cumplir con nuestra responsabilidad.  No estamos en paz escondidos, evitando el encuentro con otros y la posibilidad de la diferencia.  La paz se construye en la interacción, la conversación, la acción conjunta y el reconocimiento de las diferencias.  A pesar de ellas, construimos, en el nombre del Príncipe de la Paz, la paz que Él mismo puso en nuestros corazones.

Hoy, mientras esperamos el día de Dios (2 Pedro 3.12), ¿qué acciones específicas podemos desplegar para facilitar, moderar y construir la paz de Cristo en los corazones de otras personas?  ¿Qué diferendos obstaculizadores de la paz tenemos que arreglar?

Oración

Buen Señor, gracias por darnos Tu paz, que nos sostiene mientras esperamos el encuentro contigo.  Fortalécenos para trabajar cada día y facilitar la paz en nuestro entorno.  Amén.

Autor: Luis Montañez