23 de junio 2017

1 Samuel 3-5

«Samuel no conocía al Señor todavía pues él aún no le había manifestado nada».  1 Samuel 3.7 (DHH)

Nací en un pueblo de la costa norte de Puerto Rico, con una de las playas más hermosas de la isla.  La primera vez que visité esa playa, tema de una vieja canción popular, tenía cerca de doce años.  Cuando vi el inmenso mar, quedé boquiabierto y extasiado.  Es increíble, pues vivía a algunas veinte millas de la playa.

Recordé esta experiencia con la lectura de hoy.  El jovencito Samuel, servía y ayudaba en el templo, dormía al lado del arca de Dios, lo cual era la representación de Su presencia, pero no había tenido una experiencia real y cercana con Dios.  Trabajaba para Él, ayudaba a los sacerdotes, pero no lo conocía.

Dios se le reveló y Samuel aquilató aquella revelación.  Se convirtió en uno de los más reconocidos líderes de influencia espiritual para Israel.

Pienso en personas en nuestras congregaciones, vecindarios, lugares de trabajo y familia.  Están rodeados de muchos elementos religiosos tan frecuentes en nuestra rutina puertorriqueña.  Inclusive escuchamos a personas expresar que son bien espirituales.

Esa religiosidad o espiritualidad, no necesariamente los ha llevado a una relación estrecha y personal con el Cristo Salvador que la Biblia manifiesta tan claramente…

La playa estaba “manifestada”, pero yo no la conocía.  Conocerla impactó mi vida.  Conocer al Dios manifestado nos cambia para siempre.

¿Cómo puedo contribuir hoy, a cambiar esa realidad en mi amiga, compañero o vecino?

Oración

Padre, Te revelaste en Jesús y Te sigues revelando en Tu Palabra hermosa.  Oramos por aquellas personas cerca de Tu Reino, pero no en Tu Reino.  Que hoy Tu revelación les alcance.  Que hoy yo sea instrumento de bendición para atraerlas a Ti.  En Jesús.  Amén.