15 de mayo de 2017

Números 34-36

«Habló Jehová a Moisés en los campos de Moab, junto al Jordán frente a Jericó, diciendo: Manda a los hijos de Israel que den a los levitas, de la posesión de su heredad, ciudades en que habiten».  Números 35.1-2a (RV1960)

 

Cuando el pueblo de Israel entró a la tierra de Canaán, Dios le dio instrucciones a Moisés muy precisas en cuanto a los límites de la tierra y sus colindancias.  También, determinó la manera en la que repartirían a cada tribu su heredad.  La tribu de Leví era la única que no recibiría tierra para su posesión.  Sin embargo, ellos necesitaban dónde habitar, así que cada una de las demás tribus debía separar una parte de su heredad para su morada.

Estas ciudades debían tener cierto tamaño y, además, incluir sus correspondientes ejidos, o sea, lotes de tierra alrededor para el ganado.  Serían solo su vivienda y no su heredad y podrían venderlas, pero solo a levitas.  De esta manera, se garantizaba la presencia de los levitas en medio de cada tribu.

Dios tenía un propósito al hacer que los levitas estuvieran dispersos entre las tribus.  Ellos habían sido llamados a velar por la vida cúltica de Israel y era su deber recordar al pueblo su llamado a ser pueblo escogido de Dios.  Era un pueblo numeroso, así que tener presencia entre las tribus les facilitaría cumplir con su llamado.  Serían la luz de Dios en medio del pueblo.

Los creyentes también somos la luz de Dios, la sal del mundo.  No hemos sido llamados a aislarnos, a escondernos con el fin de mantenernos puros.  Por el contrario, es menester que habitemos en medio de aquellos que necesitan ser alumbrados con nuestro testimonio, para poder ser Su luz.  Debemos habitar entre lo insípido para poder ser sazón.

Hoy, más que nunca, el mundo necesita que le recordemos que hay esperanza en Dios.  Para poder hacerlo, debemos encender nuestra lámpara, ser guías espirituales, levantar nuestra voz. En este día dispongamos nuestra voluntad y alumbremos a alguna vida que necesite la luz de Dios.
Oración

Dios, Te damos gracias por el privilegio de servirte y amarte.  En el día de hoy, Te pedimos que pongas a personas en nuestro camino que necesiten de Tu amor.  Pon gracia en nuestros rostros y Tu voz en nuestros labios para que cada vida reciba de Ti lo que necesita su alma.  En Cristo.  Amén.