22 de enero de 2017

1 Pedro 3

 

“Vivan en armonía los unos con los otros; compartan penas y alegrías, practiquen el amor fraternal, sean compasivos y humildes.”  1 Pedro 3.8 NVI

 

El apóstol Pedro escribe a una comunidad de cristianos que recién habían abandonado su vieja manera de vivir, pero también nos escribe a nosotros, la iglesia.  Antes de abrazar el evangelio, otros valores regían nuestra conducta y la manera en la que nos relacionábamos los unos con los otros.  Ahora, la Palabra nos invita a romper todo lazo con los valores del mundo.  No hay opción, pues el evangelio requiere que vivamos y nos relacionemos de una manera distinta.

El primer llamado que el evangelio nos hace, según Pedro, es a tener entre nosotros un mismo sentir.  No se trata de que todos pensemos igual, sino de que todos aspiremos a tener un mismo sentimiento y una misma disposición.  También, se espera de nosotros que seamos compasivos.  Somos un solo cuerpo, así que debemos ser sensibles a lo que siente nuestro hermano; sentir su alegría y sentir su dolor.  Vivimos en un mundo en el que el egoísmo no le permite al ser humano considerar las necesidades del prójimo.  Todo se resuelve con violencia y hay una gran insensibilidad.  Esta realidad ha traído dolor, ha dividido naciones y familias y causado pérdidas terribles a la humanidad.

Pedro también nos habla acerca del amor.  Cristo hablaba a sus discípulos acerca de un “nuevo mandamiento”.  Él se refería a que nos amemos los unos a los otros, pero como Él nos amó.  El amor es el más contundente testimonio de la transformación que ha habido en nuestro corazón.

La humildad es también un imperativo del evangelio, el más difícil.  El mejor modelo de la humildad fue nuestro Señor Jesucristo, quien siendo dueño de todo lo que existe, se despojó, se hizo como un esclavo, para ofrecernos salvación.  Si Él pudo negarse a sí mismo, ¿cómo no podremos nosotros imitarle?

Tenemos un gran reto por delante, abandonar nuestra naturaleza pecaminosa y emprender una vida santa en la cual podamos responder a los llamados que el evangelio nos hace hoy.  Que así nos ayude el Señor.
Oración

Amado Señor.  ¡Te amo!  Gracias por rescatarme y ofrecerme una nueva vida y una nueva esperanza.  Ayúdame a ser como Tú.  A vivir en amor, ser humilde y morir al yo.  Otórgame el don de la misericordia y hazme un instrumento de Tu amor.  Amén.

Autor: Migdalis Acevedo