8 de junio de 2017

Josué 19

“Estas son las heredades que el sacerdote Eleazar, y Josué hijo de Nun, y los cabezas de los padres, entregaron por suerte en posesión a las tribus de los hijos de Israel en Silo, delante de Jehová, a la entrada del tabernáculo de reunión; y acabaron de repartir la tierra”. Josué 19:51 (RV1960)

 

El pueblo de Israel se encontraba en medio del proceso de repartición de la tierra prometida.  Había mucha expectación, pues eran Muchos ya los años de peregrinaje, lucha, cansancio y fatiga, pero sobre todo, espera.

Josué había convocado hombres de cada tribu para que recibieran, en representación de su tribu, la correspondiente heredad.  Llama la atención el hecho de que la tierra no se repartió equitativamente, sino en proporción al tamaño de cada tribu, tomando en cuenta la cantidad de familias que la componían.  O sea, cada tribu recibiría tanto como fuera adecuado a su necesidad.  De esta manera Dios daría continuidad al plan y trato especial que tenía con cada tribu, pues tenía una relación y propósito distinto con cada una.

Éste era, además, un momento memorable, mucho más que el momento en el que recibirían un pedazo de tierra dónde establecerse.  Por ello el lugar donde se sellaron los acuerdos: “Delante de Jehová, a la entrada del Tabernáculo de reunión” (19:51).  ¿Por qué allí?  El lugar es importante.  En primer lugar, porque Dios debe estar presente e ir delante de nosotros en cada área de nuestras vidas.  En segundo lugar, porque allí, delante de la presencia de Dios, se sellaba el cumplimiento del pacto de Dios con Su pueblo y  solo delante de la presencia del Dios de la promesa estaba su herencia y su provisión.

Cada uno de nosotros ha recibido promesa de Dios en algún momento de la vida y esperado el cumplimiento con anhelo.  Durante la espera, hemos visto el mover de la mano de Dios de muchas maneras.  Por eso le servimos, por eso le amamos, por Su fidelidad y Su grande amor.  Y mientras tanta gente decide vivir la vida al margen de la presencia de Dios, nosotros hemos escogido habitar bajo Su sombra protectora.  Él va delante de nosotros y suple, protege, levanta, dirige…  Por ello, cuando miramos a nuestro alrededor, no vemos simplemente carros, familia, alimentos, ropa, empleo, techo, amistades, vida, metas alcanzadas, salud…  Vemos que delante de la presencia del Señor está nuestra herencia y nuestra provisión.

Oración

Señor, gracias por toda bendición.  Hoy miramos los días pasados y vemos cómo entre nosotros se ha movido Tu mano de poder y amor.  Por ello, te alabamos y honramos.  Te pedimos, que sigas presente en nuestras vidas, pues fuera de Ti no hay razón para vivir.  Ubícanos Tu voluntad en este día.  En el nombre de Tu hijo amado Jesús.  Amén.