6 de marzo de 2016

Mateo 6.1-21

«Guardaos de hacer vuestra justicia delante de los hombres para ser vistos de ellos…» (Mt 6.1)

Cuando la piedad religiosa de dar limosnas, orar y ayunar cae en el exhibicionismo, en el deseo de ser alabados, distinguidos y reconocidos, esa piedad deja de ser piedad para convertirse en hipocresía y santurronería.  El piadoso verdadero no expone al necesitado a ser devaluado, venido a menos, humillado.  Ayuda sin alardear para buscar beneficio personal, ora en secreto, ayuna sin tocar trompetas para que vean su rostro demacrado.  El piadoso verdadero, auténtico, tiene intimidad con Dios en su cámara secreta, con sólo dos testigos, su conciencia y Dios, en cuyas manos deja sus alegrías y tristezas, sus aciertos y sus fracasos, sus satisfacciones y frustraciones, para que se haga su soberana voluntad.

El piadoso verdadero confía en el Dios de las promesas, que vendrán, no por nuestro activismo, méritos y capacidades, sino por nuestra confianza en la misericordia divina, efectiva y oportuna.  Esa intervención providencial y divina se mostrará en público y todos lo verán y darán gloria y honra al que merece toda alabanza y reconocimiento.

Oración

Al realizar actos de piedad, líbranos, Señor, de querer llamar atención hacia nosotros, para ser elogiados y reconocidos.  Que nos distinga nuestra discreción y prudencia y el deseo genuino de que se haga la voluntad de Dios en nosotros y en nuestros semejantes.  Por el nombre de Jesús que nos dio ejemplo. Amén.

Autor: Luis F. Del Pilar