7 de julio de 2017

2 Samuel 6–8

 

«Y estuvo el arca de Jehová en casa de Obed-edom geteo tres meses; y bendijo Jehová a

Obed-edom y a toda su casa. Fue dado aviso al rey David, diciendo: Jehová ha bendecido la casa de Obed-edom y todo lo que tiene, a causa del arca de Dios. Entonces David fue, y llevó con alegría el arca de Dios de casa de Obed-edom a la ciudad de David».

2 Samuel 6.11-12 (RVR1960)

 

Después de un acto de «temeridad» e imprudencia en relación al arca del Jehová, «el furor de Jehová se encendió contra Uza». «Y se entristeció David por haber herido Jehová a Uza». 

Entonces «temiendo David a Jehová aquel día, dijo: ¿Cómo ha de venir a mí el arca de Jehová?». Es en esta coyuntura que David envía el arca de Jehová a la casa de Obed, en donde estuvo por espacio de tres meses. 

Por un lado, la «temeridad» de Uza con respuesta de muerte, y por el otro, una casa que abre sus puertas al arca de Jehová con respuesta de vida. El contraste entre los acercamientos a la presencia de Dios nos convida a la reflexión. Quien se abre a Su presencia recibe Su paz, su bienestar. Y no solo él, también su casa, su familia, y todo aquel que esté a su alcance. Por eso, cuando David fue enterado por medio de aviso sobre la bendición de Obed y su casa, «llevó con alegría el arca de Dios de casa de Obed-edom a la ciudad de David». 

Ante el toque de Dios a nuestra puerta, no hagamos como los de Loadicea. Más bien que nuestra respuesta sea como la de Obed, para que Su presencia habite en medio nuestra casa, nuestro hogar, nuestra familia, nuestra tierra. Dios promete bendición a nuestras vidas. 

Oración

Señor, que ante Tu presencia no actuemos con temeridad. Más bien, queremos mantenernos humildes para que Tu presencia sea, no solo con nosotros, sino también con los que están a nuestro cuidado. En el nombre de Aquel que es Camino, Verdad y Vida. Jesucristo el Señor. Amén.