11 de octubre de 2016

1 Corintios 12.1-13

 

«Solo los que son guiados por el Espíritu Santo reconocen que Jesús es el Señor». (1 Corintios 12.3a TLA)

“He servido a mi Señor Jesucristo durante 86 años y nunca me ha causado daño alguno el mismo.  ¿Cómo puedo negar a mi Rey, que hasta el momento me ha guardado de todo mal, y además me ha sido fiel en redimirme?” – Policarpio de Esmirna

De acuerdo a los relatos de los historiadores de la Iglesia, en los primeros siglos fueron muchos los que entregaron su vida en martirio por la fe que afirma el señorío de Jesucristo frente a los reclamos de los poderes de este mundo.  Mientras otros, seducidos por la “gloria de los mártires”, emprendieron su camino hacia la hoguera.  Pero cuando el ardor de las llamas se hizo sentir, claudicó su querer.  “Solo quienes son guiados por el Espíritu Santo reconocen que Jesús es el Señor”.

El Espíritu Santo es quien dirige y gobierna la Iglesia.  Nada hacemos por fuerza o valor propio.  Somos dirigidos por el Espíritu de Dios para vivir y ser Iglesia.  El apóstol Pablo decía “cuando ustedes aún no habían creído en Cristo, cometían el error de adorar ídolos que ni siquiera pueden hablar”.  Sin Cristo la vida es errática.  Se vive en la ignorancia del incapaz de “discernir entre su mano derecha y su mano izquierda”.

Nosotros somos la Iglesia de Dios.  Hemos sido capacitados por el Espíritu Santo “para que procuremos el bien de los demás”.  Para ello, el Espíritu de Dios nos ha dotado con sabiduría, conocimiento, confianza, poder sobre los enfermos y para hacer milagros en Su nombre, autoridad, discernimiento y Palabra de Dios.  El Espíritu de Dios pone en nuestras manos todo aquello que haga falta para “anunciar las virtudes de Aquel que nos llamó de las tinieblas a Su luz admirable”.  Para denunciar nuestros contextos de muerte y ser testigos de Su voluntad, haciendo camino y extendiendo la mano para la vida.

 

Oración

Dios, a través del Espíritu Santo reconocemos que Jesús es el Señor.  Como Iglesia, afirmamos nuestras vidas en servicio para la gloria de Tu nombre y rechazamos todo cultivo de gloria personal.  En el nombre de Aquel que es camino, verdad y vida.  Amén.

Autor: David Cortés