28 de noviembre de 2016

Colosenses 1.21-29

sin abandonar la esperanza que ofrece el evangelio. (Colosenses 1.23b NVI)

 

El que espera, desespera.  Eso dice nuestro refrán popular.  No necesariamente tiene que ser así.  Depende de lo que esperes y en qué o en quién esté basada tu esperanza.

Puerto Rico vive momentos duros, difíciles.  No tengo que elaborar sobre esto, pues se machaca en los medios diariamente.  En ese ambiente de pesimismo y desesperanza, está inmersa la iglesia.  Más que ser arrastrados por lo que ocurre, estamos llamados a levantar los ojos, ver que Dios permanece en su trono, que sus faldas llenan el templo, como en la visión de Isaías 6, y que somos luz del mundo para iluminar y empujar la tiniebla.

William Ralph Inge dijo: “los cristianos no podemos ser pesimistas porque el cristianismo es un sistema de optimismo radical”.  Lo es porque nuestro fundamento y fuente de esperanza es Cristo.  Su obra de salvación por amor a favor de los humanos, cuando éramos sus enemigos, lo demuestra claramente.  No existe acto más radical que ese.

Desde luego, no minimizamos los embates que se enfrentan cuando las oportunidades de crecimiento económico, de salud óptima, de servicios, se limitan por las razones que se puedan esgrimir.  Pero, Jesús nos alertó que vendrían las dificultades.  A la misma vez nos dijo que estaría con nosotros todos los días.  Ninguna de estas dos verdades debe sorprendernos.

Una oración frecuente en mi vida es: Señor, abre mis ojos espirituales para ver que Tú sigues en control y haciendo cosas hermosas en la vida de Tus hijos.

¿Cómo está el nivel de tu esperanza hoy?  ¿Podrás compartir una palabra de esperanza con alguien que venga a ti sin ella?

 

Oración

Padre bueno, gracias por la esperanza cimentada en Tu amor.  Ayúdanos a vivirla y saborearla cada día.  Amén.

Autor: Luis Montañez