5 de octubre de 2016

1 Corintios 8.7-13

Por lo cual, si la comida le es a mi hermano ocasión de caer, no comeré carne jamás, para no poner tropiezo a mi hermano. (1ra. Corintios 8.13 RVR)

 

La decisión de Pablo fue muy categórica, “no comeré carne jamás”.  Pero, ¿qué le motivó a asumir esta postura tan contundente?  La respuesta es sencilla, el amor.  Pablo agrega que, si el simplemente hecho de comer carne va a redundar en una ofensa a los demás, dejará de comerla.  El Apóstol está dispuesto a sacrificar su propia libertad con tal de que otros y otras no encuentren en él un tropiezo.

Como cristianos somos libres.  Pero nuestra libertad está íntimamente ligada al bienestar del prójimo.  Todo lo que hacemos, de alguna forma afecta a otros, por esto debemos buscar el bienestar común.  Vivir para agradar a Dios y edificar a los hermanos y hermanas, es nuestro deber.

Pienso que Jesús, antes de comer carne, le hubiera preguntado a los corintios ¿te ofendo?…  “Entonces no lo hago”.

El versículo, al cual hemos hecho referencia, da por sentado que en el cuerpo de Cristo habrá diferencias.  Nuestra responsabilidad es manejarlas con amor.  Acepte, escuche y respete a los demás.  Algunos principios son básicos de la fe y por ellos vale la pena luchar, pero muchos se basan en opiniones individuales que no se deberían legalizar.  Por eso, respondamos a un gran principio que como Discípulos de Cristo nos rige “En lo esencial, unidad; en lo no esencial, libertad; en todo amor”.

Oración

Dios de bondad, ayúdanos a ser sensibles a las necesidades de nuestro prójimo.  Permite que seamos pacientes y amorosos en nuestras relaciones.  Roguemos que el efecto de nuestra conducta sea de bendición.  Amén.

Autor: Gina Marrero