28 de agosto de 2017

2 Crónicas 15-17

 

«Los envió para que, con el libro de la ley del Señor, enseñaran a la gente de Judá.  Y ellos recorrieron todas las ciudades de Judá enseñando al pueblo».  2 Crónicas 17.9 DHH

 

Recuerdo cuando ensamblé el primer “Big wheel” a mi hijo.  Monté las ruedas y las aseguré con la arandela a presión que estaba incluida en las piezas.  Justo después de asegurarlas, me percaté que me salté un paso… Pasé mucho trabajo para quitar aquella pequeña arandela.  Confié en mi habilidad y no consulté el folleto de instrucciones… Aprendí la lección.

Al tercer año de su reinado, Josafat, estableció un programa sistemático de enseñanza de la ley.  Envió a funcionarios, levitas y sacerdotes por todo el país para que enseñaran al pueblo.  No es sorpresa leer que su reinado fue fructífero.

Lamentablemente las estadísticas señalan que cada día más, en lugares donde la Biblia es fácilmente accesible, cristianos dejan de leerla.  Me atemoriza leer eso.  Es intentar vivir sin la referencia oficial del manual de vida.  En países en los cuales es delito leer la Biblia, hay sed de adquirirla y estudiarla.  ¡Que contraste!

La fuente de autoridad de la sección protestante del Cristianismo es la Biblia.  (De hecho el próximo octubre, se celebran los 500 años de la Reforma Protestante, que puntualizó el acceso de la Biblia para todos).  Ponerla de lado, por la preponderancia de la música (con todo y lo rica que la música pueda ser), es completamente incorrecto.  Acarrea funestas consecuencias.

Interesantemente la tecnología moderna ha puesto la Biblia en nuestra mano cada vez que usamos un “teléfono inteligente”.  Este proyecto de la ICDCPR facilita que la puedes leer todos los días al pulsar los capítulos asignados.

¿Accedes a ella, en papel o digitalmente, todos los días?

Oración

Gracias, Señor por lo accesible que es Tu Palabra hoy.  Quiero “beber” de ella diariamente.  Amén.