8 de febrero de 2017

Apocalipsis 2.12-29

 

«Yo sé que tú vives en la ciudad donde Satanás tiene su trono, pero también sé que, a pesar de eso, sigues confiando en mí». (Apocalipsis 2.13a)

¿Te has sentido frustrado pensando que Dios desconoce las circunstancias?

«No te pido que los quites del mundo, sino que los protejas de Satanás».  Esta es la oración del Hijo al Padre en intercesión por sus seguidores.  Aquel que una vez descendió a las aguas, y fue complacencia del que le envió, entregó Su vida por amor y pagó un alto precio por nuestra redención.  «Padeció una sola vez por los pecados…, para llevarnos a Dios, siendo a la verdad muerto en la carne, pero vivificado en espíritu».  Él que dijo: «Yo soy el principio y el fin», expresó en oración su querer en carne y desde Su gloria es hecha la voluntad de los cielos sobre toda la tierra.

«Yo sé» es el anuncio de «nuestro pronto auxilio».  Es la certeza de Su intervención.  En tiempos de la esclavitud de Su pueblo en Egipto, Dios escuchó el grito urgente de aquellos que clamaban por Su ayuda y habló a Su siervo Moisés diciéndole: «Yo sé muy bien que mi pueblo Israel sufre mucho… Por eso he venido a librarlos».  ¡En medio de la adversidad no estamos desamparados!  ¡Dios es nuestro amparo y fortaleza!  Él sabe cuál es nuestra realidad, ha visto nuestra respuesta y Su Palabra es anticipo de nuestra libertad.

Al igual que en tiempos de la iglesia en Pérgamo, a veces sentimos que los poderes de la muerte se han agenciado la ciudad en donde hemos hecho morada.  La desigualdad, el atropello, la indiferencia, la opresión, el silencio, la costumbre, la cosificación, las divisiones, los falsos maestros, el doble discurso son, entre muchos otros, signos de una «ciudad donde Satanás tiene su trono».  «¡Pero también sé que, a pesar de eso, sigues confiando en mí!».  Es la confianza en Dios lo que produce una iglesia resiliente que proclama a Aquel que es Todopoderoso en Su amor y reina sobre todo y en todo.  Lo hace de día en día a través del concierto de acciones que se traducen en el testimonio y el sabio consejo de los abuelos, el amor y la fuerza inquebrantable de los padres, la vida y los sueños encausados de los jóvenes y adolescentes, y la esperanza dibujada en rostro de niños.  ¡En medio de tonos de muerte, hay una iglesia con partitura celeste que interpreta a la gloria de Dios una melodía de vida!

Oración

Señor, a este mundo nos has llamado y en este mundo hemos de servirte.  Nuestra protección fue Tu petición y nuestra respuesta la confianza en Ti.  Ayúdanos siempre a actuar en afirmación de la vida y así ser un manifiesto claro de que, sobre todas las cosas, Tú reinas.  En el nombre de Aquel que es Camino, Verdad y Vida.  Jesucristo el Señor.  Amén.

Autor: David Cortés