8 de noviembre de 2016

Gálatas 3.21—4.11

“Pero cuando vino el cumplimiento del tiempo, Dios envió a su Hijo, nacido de mujer y nacido bajo la ley, para que redimiese a los que estaban bajo la ley, a fin de que recibiésemos la adopción de hijos”. (Gálatas 4.4-5)

 

Cuando todavía contaba mis años en un solo dígito, asistía con regularidad al templo de la mano de mis padres y en compañía de mis hermanos.  Al llegar cerca de la puerta principal, era común ver a Pepe recostado de su auto y siempre sonriente y de buen humor.  Acostumbraba ofrecernos la bienvenida con un entusiasta “¡Dios te bendiga!”, seguido de algún coloquial comentario.  Las evidencias físicas en su cuerpo eran testimonio de que él era un trabajador de sol a sol.  Yo lo admiraba y de alguna manera quería ser como él porque, entre otras cosas, él tenía una carretilla, un cubo y una pala.  Como niño al fin, ¡yo anhelaba tenerlos también!  Uno de esos días, del que no recuerdo la fecha, pero nunca olvido el suceso, caminando hacia el templo, Pepe me vio, me habló, y sin saber lo que hacía se obligó a sí mismo.  Me hizo una promesa.  “Te voy a regalar una carretilla, un cubo y una pala”.

No hace falta decir que desde ese día la promesa de Pepe animaba mi interés por llegar más temprano al templo.  Cada vez que lo veía le decía con expectativa “Pepe, ¿dónde está la carretilla, el cubo y la pala?”.  Debo decir que fueron muchas las veces que hice la misma pregunta y su respuesta siempre fue ocasión de mi desilusión.  Con el pasar del tiempo, noté el cambio en el siempre sonriente y de buen humor, Pepe.  Nunca cumplió su promesa y hoy todavía lo recuerdo.

“Pero cuando vino el cumplimiento del tiempo, Dios envió a Su Hijo…”  La promesa hablada en labios de profetas se cumplió en el Kairos de Dios, en Su tiempo, a través de la encarnación del Verbo.  ¡Dios cumple Su Palabra!  La buena nueva afirma nuestra confianza en Aquel que “no es hombre para que mienta, ni hijo de hombre para que se arrepienta.  Él dijo, “¿y no lo hará?  Habló ¿y no lo cumplirá?”  “Nos adoptó como hijos Suyos” y “por cuanto sois hijos, Dios envió a vuestros corazones el Espíritu de Su Hijo, el cual clama: ¡Abba, Padre!”.

A través de la carta a la iglesia en Galacia, el apóstol Pablo hilvana sobre nuestra nueva realidad en Jesucristo: “herederos según la promesa”.  En Su hijo Jesucristo, la encarnación de la Palabra, Dios muestra Su fidelidad eterna y Su voluntad incorruptible para cumplir Su promesa.  ¿Habrá una promesa mayor?  ¡Sus hijos le podemos llamar Papito y esperar confiados en Sus promesas!

Tal vez recuerdas alguna promesa que te hicieron con total candidez y no cumplieron.  De seguro tendrá mayor peso que mi carretilla, un cubo y una pala.  ¿Cómo te sentisteis?  Quizás has sido tú el que prometisteis y te obligasteis.  Una visita, tiempo para compartir, tus votos en el altar, tu vida a Dios.  ¿Has olvidado y no has cumplido?  Hoy Dios nos recuerda el valor de nuestra palabra compartida en promesas, y, a su vez, nos invita a discernir entre las promesas y los que nos prometen.  Pero, sobre todas las cosas, nos llama a confianza y esperanza en Aquel que es el cumplimiento de la mente y el corazón de Dios.

Oración

“Todas las promesas del Señor Jesús son apoyo poderoso de mi fe”.  En Ti pongo mi confianza y esperanza.  Que mis palabras sean vertidas con la conciencia de su alcance.  En el nombre de Jesús.  Amén.

Autor: David Cortés