1 de marzo de 2017

Génesis 1-3

«En el principio creó Dios los cielos y la tierra. Y la tierra estaba desordenada y vacía, y las tinieblas estaban sobre la faz del abismo, y el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas». Génesis 1.1-2 RVR1960

 

A ellos les gustaba contar la historia y a mí me gustaba escucharla.  Por eso, aproveché y me hice de una excusa para proponer el tema sobre el origen de las cosas.  Ellos se buscaron con la mirada y, sin mediar palabras, se dijeron uno al otro aquí vamos de nuevo.  De inmediato fueron por las imágenes en blanco y negro conservadas con esmero.  Y tal cual si fuera una presentación en “PowerPoint”, empezaron a narrar la historia con el mismo ánimo de la primera ocasión y siempre dispuestos a ofrecer un nuevo detalle para enriquecer el relato.

Nos sentamos en la sala y con mucho celo abuela abrió el álbum de fotos.  De inmediato, inició la conversación que giraba en torno a la primera foto.  Abuelo, en tono reflexivo, le dijo a la abuela: «Recuerdas, solo había cielo y tierra en este lugar».  El solar en donde ubica la casa de los abuelos había sido un terreno baldío.  Como él mismo lo expresa: «este lugar se trabajó con mucho amor, mucho sacrificio y pocos recursos.  Fueron muchas jornadas de trabajo desde la salida hasta la caída del sol durante muchos meses.  Además, en aquel entonces, era un lugar apartado y muy solitario».  Le interrumpí para preguntarle: «¿Y por qué insistieron en este lugar?».  Él respondió: «para entonces, había un pequeño grupo de personas que se reunía cerca de aquí, y desde alguna distancia se podía ver la luz de sus “jachos”, y escuchar el canto alegre de sus voces.  Sabíamos que tarde o temprano tendríamos vecinos».

Pasaba el tiempo y continuaba el recorrido cuidadoso, en detalles, de cada foto.  Como era costumbre, el entusiasmo que mostraban me permitía ver en colores las imágenes del pasado.  Abuelo decía: «Poco a poco cada cosa en su lugar.  Lo que hoy es varilla y concreto, como ves en esta foto, antes fue madera y zinc.  Los muebles donde estamos sentados, estos sí son los mismos, nos acompañan desde los primeros años.  Ah, e igual sucede con la mayoría de los utensilios de la cocina».  Los escuchaba perplejo y podía distinguir en su expresión ese orgullo de la responsabilidad y el cuidado.  «Con esos utensilios nos llevamos el alimento a la boca, también lo hicieron tus tíos, tus primos, tus hermanos, y muchos otros».  Y, con toda seguridad, en breves minutos lo haríamos de nuevo».

En cada foto, básicamente la misma afirmación: «Este cuarto lo preparamos antes que naciera tu papá».  Acto seguido se miraban y se decían el uno al otro «qué lindo nos quedó».  Así seguimos hasta comentar sobre la última foto.  Al terminar, abuela guardó con el mismo celo el álbum y nos movimos a la mesa para desayunar.  Luego, fuimos hasta el balcón y en busca de un nuevo detalle, pregunté «abuelo, ¿y esa hamaca?».  Él respondió: «es mi lugar de reposo.  Desde aquí, siempre recuerdo cómo fue todo antes que fuera.  Desde aquí, siempre el café sabe mejor.  También, desde aquí, escuchaba con mayor claridad el canto del pequeño grupo del que ahora son más, y hoy somos parte, y juntos servimos al Creador».  En ese instante abuela dijo: «miren hacia acá y sonrían».  El «click» sonó digital y seguido dijo: «Hoy es un gran día en el que añado al álbum de fotos una imagen a color de ustedes, que visten de blanco y negro, en ocasión de su primera vez oficiando la cena del Señor juntos».

 

Oración

Dios eterno, creador de cielo y tierra, provisión de vida.  Tú que con la autoridad de Tu Palabra pones orden al caos y haces nuevas todas las cosas, a Ti rendimos toda nuestra vida en alabanza y adoración.  En el nombre de Aquel que es Camino, Verdad y Vida; Jesucristo el Señor.  Amén.

Autor: David Cortés