6 de junio de 2017

Josué 14-15

«Entonces Moisés juró diciendo: Ciertamente la tierra que holló tu pie será para ti, y para tus hijos en herencia perpetua, por cuanto cumpliste siguiendo a Jehová mi Dios». Josué 14.9 (RVR1960)

 

Hay instancias en la vida que lo llenan todo.  Son momentos inefables donde las palabras son solo intentos o aproximaciones.  Después de cuarenta y cinco años, Caleb ofrece un testimonio de fidelidad a Dios: «por cuanto cumpliste siguiendo a Jehová mi Dios».

Y desde su fidelidad hace un acercamiento de promesa: «Dame, pues, ahora este monte, del cual habló Jehová aquel día».

Desde el tiempo de la promesa hasta su cumplimiento, Caleb se mantuvo fiel ante Jehová Dios.  El camino de fidelidad fue uno de esfuerzo, valor, sacrificio y servicio.  Pero igual, el Dios que es camino, hizo valer Su promesa.  Y Su fidelidad, ¡que es grande e incomparable!, se hizo vida en cada paso de gloria.

En días como estos, en donde se vive la alegría del camino recorrido con fruto de conocimiento, experiencia, carácter y diploma, surge el acercamiento de gozo del que puede decir: «¡Lo logré!».  Palabras insuficientes, pero que pueden servir de punto de partida, y a su vez, de oportunidad para meditar sobre cada paso en la jornada.

Al final, al llegar… en el saber del compromiso cumplido se quiebra el ser, se empaña la mirada y se ahogan las palabras.  En ese momento se doblan las rodillas y se ofrece una alabanza que da gloria a Aquel que prometió.  Porque la honra de la promesa viene al dar pasos de fidelidad en el nombre de Jehová Dios, quien es fiel.

«Por tanto, Hebrón vino a ser heredad de Caleb hijo de Jefone cenezeo, hasta hoy, por cuanto había seguido cumplidamente a Jehová Dios de Israel».  ¡A Él sea la gloria!
Oración

Señor, Tu fidelidad nos anima a dar pasos que van más allá de nuestras fuerzas.  Nos mueven a nuevos espacios para testimonio y gloria de Tu Nombre.  En el Nombre de Aquel que es Camino, Verdad y Vida; Jesucristo el Señor.  Amén.