25 de julio 2017

1 Reyes 15.23–17.24

 

«Porque el Señor, Dios de Israel, ha dicho que no se acabará la harina de la tinaja ni el aceite de la jarra hasta el día en que el Señor haga llover sobre la tierra».  1 Reyes 17.14 (DHH)

 

Todos nos hemos sentado a ver una película que empieza con escenas variadas y aparentemente inconexas.  Como que nada tiene que ver, sin embargo, en un momento particular todo cobra sentido y descubrimos un hilo común que enlaza cada escena… Y decimos: ¡con razón!

Así nos sentimos cuando leemos algunas de las historias de la Biblia que involucraron a Elías.  Este profeta le dijo al rey de turno de las tribus del norte, que no llovería en tres años.

Fuera de Israel, una viuda y su hijo se mantenían físicamente con un poco de harina y un poco de aceite.  La justa combinación para una pobre comida básica con la poca agua que encontraban.  A esa casa Dios envió al profeta para añadirlo a las bocas que la harina y el aceite alimentarían.

La provisión de Dios duró los mismos tres años que duró la falta de lluvia tan necesaria para la vida.  La viuda creyó a la palabra de Elías y preparó la torta de harina primero para él, luego para su hijo y ella.

El principal milagro fue creer lo que Dios había dicho y anunciado.

La peor sequía es no creer que en medio de la escasez material o espiritual, el Dios de la provisión sigue con nosotros.  Puerto Rico vive tiempos de crisis y escasez. Pero no hay limitación en la despensa celestial del Dios creador y cuidador de los Suyos.  Hagamos Su voluntad y confiemos en Su provisión.

Oración

Padre nuestro, sea hecha Tu voluntad en nosotros, como se hace en el cielo.  Amén.