8 de diciembre de 2016

2 Tesalonicenses 1

“Por eso nos sentimos orgullosos cuando hablamos de ustedes en las otras iglesias de Dios. Porque, aunque ustedes tienen dificultades y problemas, se mantienen firmes y siguen confiando en Dios. Esto demuestra que Dios es justo, y los está haciendo merecedores de su reino, por el que ahora sufren”. 2 Tesalonicenses 1.4-5

 

Doña Ansiedad y Don Confusión se preparan para el anuncio y como es su costumbre, no pierden un segundo para dar rienda suelta a su voluntad. Este año la cosa comenzó un poco diferente, entre la espera por los resultados de aquí y de allá, se pasaban los “shoppers” de mano en mano para comparar a cuánto está el pavo por libra, la paila de pintura y algún nuevo embeleco para adornar. 

El tiempo avanza y el tiempo no ayuda. Se acerca el momento y Don Confusión no ha podido pintar. Doña Ansiedad eleva su plegaria al cielo “Dios mío” y en tono de reclamo velado pregunta “¿cuándo dejará de llover?”. Entre tanto llega la respuesta de arriba, Doña Ansiedad da las instrucciones acá abajo en la tierra porque no hay tiempo para perder y empieza “pintando por dentro”, aunque la humedad más adelante pase factura. 

Entre el llueve y escampa, Doña Ansiedad dirige la obra y Don Confusión espera la orden. Así pasan los días y se encuentran sentados a la mesa amigos, familiares, el pavo, el relleno, el arroz, el postre y los “shoppers” que anticipan la jornada de la noche. Don Confusión, todavía presenta las marcas de la batalla anterior en su codo pintado y ahora espera las instrucciones de Doña Ansiedad, quien no se ha sentado en todo el día. 

Así pasan los días y entre preparativos y actividades, Don Confusión pierde la noción de la celebración y Doña Ansiedad pierde la paz en la espera que desespera. ¡Llega el gran día! y entre la comida, la música y el intercambio de regalos, Don Confusión y Doña Ansiedad, cansados hasta el cansancio, anhelan que todo acabe y habiendo acabado sin fuerzas para más, Doña Ansiedad se sienta. Confundido, Don Confusión se levanta. Los dos frente a la luz del árbol contemplan el pesebre y la figura anacrónica del Santa Claus que les acompaña. Y cuando parecía que llegaba la reflexión, la humedad pasó temprano su factura y Doña Ansiedad volvió y se levantó.

El apóstol Pablo nos recuerda que el Dios de justicia nos hace “merecedores de su reino” a los que en Él y a Él esperan. “Porque, aunque ustedes tienen dificultades y problemas, se mantienen firmes y confiando en Dios”. En tiempo de “dificultades y problemas”, que en todo tiempo, Don Gozo y Doña Esperanza sienten a Doña Ansiedad y a Don Confusión. 

 

Oración

Señor, en tiempo de adviento, nos preparamos para tu venida. El anuncio de tu regreso es nuestro gozo y esperanza. Ayúdanos a estar en paz y alertas para así resistir las distracciones que solo producen ansiedad y confusión. Hacemos nuestras las palabras que profesan el anhelo en todo tiempo y juntos como Iglesia decimos “Sí, ven, Señor Jesús”. En el nombre de Aquel que es Camino, Verdad y Vida. Jesucristo el Señor, ¡Amén!  

Autor: David Cortés