Reflexión para el 14 de mayo de 2017

Números 32-33

“De Ramesés salieron en el mes primero, a los quince días del mes primero; el segundo día de la pascua salieron los hijos de Israel con mano poderosa, a vista de todos los egipcios.” Números 33:3 RV 1960

Puedo imaginar la excitación! Toda una nueva generación, la esperanza de Israel para el futuro, contemplando a la distancia la tierra prometida. A su lado: Josué, Caleb y Moisés. La vista debió haber sido impresionante, pero con seguridad no tenía el mismo significado para todos. Los jóvenes habían nacido en el desierto y no contaban con la experiencia del cautiverio. Tampoco presenciaron el momento en el cual con mano poderosa, Dios libertó a Su pueblo de manos del Faraón.

Moisés estaba a punto de morir y Josué comenzaba su gesta. Dios había ordenado al caudillo que llevara un registro de la jornada del pueblo desde su salida de Egipto. Este constaba de una lista de lugares, fechas, entradas y salidas… pero en realidad era un testimonio de la manera maravillosa en la que Dios había guiado al pueblo a través del desierto y, las bendiciones que les habia prodigado.

El libertador entendía la importancia de que, aquellos que iban a recibir la promesa, afirmaran en sus mentes y corazones que solo por la  gracia de Dios habían podido subsistir. Él había sido su proveedor y sustentador y había que hacer un alto para contar sus bendiciones.

En nuestro peregrinar por la vida es bueno hacer un alto, tomar un momento para mirar lo caminado y, reflexionar acerca de lo que hemos alcanzado. Meditando en ello nos daremos cuenta de que Dios siempre ha estado con nosotros y, si hemos podido avanzar en el camino, no ha sido por nosotros sino por el Dios nuestro. Él también es nuestro proveedor y sustentador. Por él somos, por él avanzamos, por él estamos en pie, a pesar de los peligros del camino.

En este día, hagamos un alto y tomemos un momento para mirar atrás. Pensemos en todo lo que Dios ha hecho por nosotros, de dónde hemos salido, cuántas veces hemos caído… y contemos sus bendiciones.

Oración

Dios amante, al detenerme en el camino y mirar atrás, recuerdo de dónde me has sacado. Veo caídas, heridas, debilidades… pero también veo cómo tu gracia me levantó una y otra vez. Te doy gracias, porque nunca me has dejado. Ayúdame a seguir en el camino y a nunca olvidar, que todo siempre dependerá de que camines a mi lado. Amén.