11de junio de 2017
“Y se levantó después de ellos otra generación que no conocía a Jehová, ni la obra que él había hecho por Israel. Dejaron a Jehová el Dios de sus padres, que los había sacado de la tierra de Egipto, y se fueron tras otros dioses, los dioses de los pueblos que estaban en sus alrededores, a los cuales adoraron.” Jueces 10b,12a  RV 1960
El cantautor Enrique Cruz, solía usar el siguiente ejemplo cuando hablaba acerca de “conocer a Dios”.  Él decía: “Todo el mundo dice conocer a Dios, pero no es lo mismo saber quién es Dios, que conocerle. La mayoría de nosotros sabemos quién es el Presidente de los Estados Unidos. “Conocemos” su nombre, dónde vive, pero… ¿cuántos de nosotros le hemos visto cara a cara y estrechado su mano?… Quizás ninguno. Pues entonces, realmente, no le conocemos.”
Tener conocimiento acerca de una persona, no necesariamente significa que le conozcamos. Conocer verdaderamente a alguien conlleva tener una relación con esa persona, conlleva un elemento de actitud, de reconocimiento y, de aceptación de lo que significa nuestra relación con ella. Por ende, conocer a Dios es tener un encuentro personal y una relación con él, aceptar Sus preceptos, reconocerle como nuestro Dios y, amarle.
Las generaciones que se levantaron en Israel luego de la muerte de Josué y su generación, no conocían a Jehová. Ello no quiere decir que no supieran nada acerca de quién era el Dios de Israel. Quizás, su problema no era era el total desconocimiento de Dios, sino la actitud de su corazón, pues habían decidido no reconocerle y vivir como vivían las naciones cuyas tierras Dios había entregado en sus manos. Se convirtieron en un pueblo tolerante e idólatra, cuando Dios les llamaba a no doblar sus rodillas a Baal. Por largos años Israel vivió en ese “círculo vicioso”. Dios les perdonaba y hacía provisión para acercarlos a Sí, pero volvían a sus malos caminos. Al final, siempre pagaban las consecuencias de su pecado, pues entorpecían el propósito de Dios.
Hoy somos llamados a evaluarnos. ¿Conocemos realmente a Dios o, simplemente sabemos quién es él?… Y si le hemos conocido… ¿cuán cerca estamos de él en este preciso momento?…   ¿Vivimos como pueblo suyo?…  El consejo en el día de hoy es que nos acerquemos a Dios, le reconozcamos y honremos en todos nuestros caminos. Que vivamos para él. Solo así disfrutaremos de una vida plena y, de todas las ricas bendiciones que ha separado para nosotros.
Oración
Amado Señor, gracias por la oportunidad de conocerte. Por favor, no permitas que aleje mi mirada de ti. Átame a Tus propósitos con cuerdas de amor y encamíname en Tu verdad. Solo así deseo vivir. Amén.