3 de agosto de 2017

2 Reyes 14-15

 

«Y él hizo lo recto ante los ojos de Jehová, aunque no como David su padre; hizo conforme a todas las cosas que había hecho Joás su padre. Con todo eso, los lugares altos no fueron quitados, porque el pueblo aún sacrificaba y quemaba incienso en esos lugares altos». 2 Reyes 14.3-4

 

En reiteradas ocasiones a través de la lectura del segundo libro de Reyes se puntualiza que: «los lugares altos no fueron quitados, porque el pueblo aún sacrificaba y quemaba incienso en esos lugares altos». Lo anterior apunta una falta de integridad en la adoración y el servicio del pueblo. 

Los elogios o reconocimientos por los que podamos ser distinguidos y reconocidos por nuestro esfuerzo o alguna buena acción no deben ser obstáculos a una revisión profunda, constante y necesaria que nos ayude a cuidarnos, aún de nosotros mismos. 

Hacer una mirada crítica de nuestra manera de vivir, y aún más, invitar a Dios a examinar nuestra vida, nos servirá a precisar aquello que no guarda armonía ni correspondencia con su buena, agradable y perfecta voluntad. Por otro lado, si estamos conscientes de que persisten «los lugares altos» en nuestra vida que nos separan de Dios, acudamos a su presencia en humildad y en total arrepentimiento desbordemos nuestro corazón. 

¡Vivamos una vida donde nuestra adoración y servicio sean solo para Él, para Su gloria y Su nombre!

Oración

Señor, hoy hacemos ante Ti un compromiso de integridad. Espíritu Santo, guíanos a verdad. En el nombre de Aquel que es Camino, Verdad y Vida. Jesucristo el Señor. Amén.