7 de marzo de 2017

Génesis 16-18 

«Y Abraham replicó y dijo: He aquí que ahora que he comenzado a hablar a mi Señor, aunque soy polvo y ceniza». Génesis 18.27 (RVR1960)

 

El pecado volvió a hacer estancia entre los hombres (ser humano), y Dios se dispone a hacer justicia.  «Ya son muchas las quejas que hay en contra de Sodoma y Gomorra.  Ya es mucho lo que han pecado».  Pero antes de consumarse la acción divina, la voluntad del cielo sobre la tierra encuentra oportunidad de diálogo en Abraham, y Dios hace suya la iniciativa «Y Jehová dijo: ¿Encubriré yo a Abraham lo que voy a hacer…?».

 

Con una pregunta, Dios inicia la conversación que se desarrolla entre referencias de pacto y palabra de promesa.  Igualmente, con una pregunta inicia Abraham su alocución: «No me digas que vas a matar a los buenos junto con los malos», con objetivos claros de alcanzar misericordia.  Entre posiciones no hay oposición.  Más bien, entre las palabras y las respuestas, se hilvana el querer y hacer de Dios desde el principio hasta la eternidad.  «No la destruiré, respondió, por amor a los diez».

 

La intercesión de Abraham ante Dios por Sodoma y Gomorra es un referente puntual a nuestras vidas.  Es un llamado a permanecer en Él, «Pero Abraham estaba aún delante de Jehová».  Es la presencia viva del amor de Dios que nos incomoda en nuestro yo y nos libera a tomar posiciones en favor del otro.  El diálogo entre Dios y Abraham, se erige sobre la expresión del salmista: «Reconoced que Jehová es Dios; Él nos hizo, y no nosotros a nosotros mismos».  No es por derecho, es por gracia.  No es por méritos, es por su misericordia.

 

El intercesor es «polvo y ceniza», es consciente, y en su consciencia se hace uno con el otro en la persecución del favor del cielo.  Hoy, al igual que entonces, Dios nos hace conscientes de contextos y realidades.  A través de Su Palabra y Su Espíritu Santo nos muestra el camino que es Cristo, Salvador nuestro.  La iglesia que ama como Cristo, con corazón humilde participa de un diálogo reverente en santa oración y ruego, con Aquel que es nuestro intercesor en los cielos.  «Porque no hay más que un Dios, y un solo hombre que sea el mediador entre Dios y los hombres: Cristo Jesús.  Porque Él se entregó a la muerte como rescate por la salvación de todos y como testimonio dado por Él a su debido tiempo».

Oración

Señor, declaramos nuestra condición delante de Ti: «somos polvo y ceniza» ante Tu santa y divina presencia.  «Tú, que eres el Juez supremo de todo el mundo, ¿no harás justicia?».  En el nombre de Aquel que es Camino, Verdad y Vida; Jesucristo el Señor.  Amén.

Autor: David Cortés