Rvdo. Eliezer Álvarez Ojeda

Pastor Jubilado

Soñemos con un día mejor

Entonemos el cántico “Dios está aquí”

Dios está aquí
Tan cierto como el aire que respiro
Tan cierto como la mañana se levanta
Tan cierto que cuando le hablo Él me puede oír.

Lo puedes sentir en aquel que está a tu lado.
Lo puedes sentir muy dentro de tu corazón. Lo puedes notar en ese problema que tienes.
Jesús está aquí. Si tu quieres lo puedes sentir.

Hemos comenzado este momento devocional en familia, afirmando lo más imprescindible en cualquier circunstancia o situación en que nos encontremos. Hemos afirmado que Dios está. Tengamos un momento de acción de gracias, precisamente por esa realidad. Dios está presente haciendo que, indistintamente de la situación que vivamos, la podamos enfrentar con valentía, sólo porque Su presencia nos acompaña.

Oración de Gratitud por su presencia

Lectura Bíblica: Salmo 131.1-3
“Jehová no se ha envanecido mi corazón, ni mis ojos se enaltecieron. Ni anduve en grandezas, ni en cosas demasiado sublimes para mí. En verdad que me he comportado y he acallado mi alma. Como un niño destetado de su madre. Como un niño destetado está mi alma. Espera, oh Israel en Jehová, desde ahora y para siempre”.

Entonemos el cántico “Soberano Dios”

Momento especial de Gratitud e Intercesión

Damos gracias porque en medio de las muchas tempestades hemos visto la mano del Señor, dándonos confianza para enfrentar cada situación.
Demos gracias por la Iglesia que se mantiene firme frente a los nuevos desafíos de este nuevo tiempo.
Oramos para que nada nos quite la paz espiritual necesaria, cuyo resultado es la voluntad de servir a Dios y a nuestro prójimo.
Oramos por alguna situación a nivel familiar que nos cause mucha preocupación, ansiedad e inseguridad.
Oramos por personas, quizás cercanas a nosotros, con situaciones más complejas a las nuestras.
Oremos por aquellos o aquellas, cuya gestión esté relacionada a la salud integral de nuestro pueblo, de tal manera que obre con sabiduría, justicia y amor, considerando a los demás como a sí mismo.

Entonemos el cántico “Maravilloso Dios”

Reflexión – “SOÑEMOS CON UN DÍA MEJOR”

Vivir como los que sueñan. Recordamos en la Palabra de Dios a un soñador. Se trata de José, hijo de Jacob, sus hermanos lo tenían como el soñador. Sin entrar en otros aspectos del pasaje bíblico, el problema con José, era que sus sueños eran considerados por sus hermanos como amenazas a sus pretensiones. En ocasiones nos hemos encontrado con personas cuyas expectativas de vida no guardan relación con su realidad presente. A esos también se les llama soñadores.

Volviendo a José, es importante puntualizar que en sus sueños, aún sin tenerlo consciente, su significado y manejarlos adecuadamente ante sus hermanos, estaba trazado un plan de Dios. Sus sueños eran la revelación, el anuncio de lo que más adelante se plasmaría en su vida, que viene a ser un capítulo importante en el desarrollo histórico del pueblo hebreo.

En el Salmo 126 el salmista nos invita a soñar. Pero no a soñar en fracasos, en más derrotas o en muerte, sino en un tiempo mejor. Se trata de un hermoso y bello salmo, donde se plantea la situación moral y espiritual de Israel en un momento de su vida. Se trata de la deportación. Israel, está cautivo en Babilonia. Su presente es como una pesadilla, pero sus expectativas de liberación asoman a su vista. Las revelaciones de Dios están por verse. La Palabra empeñada está por convertirse en realidad.

Aunque el presente produce aflicción, sufrimiento y nostalgia, al pasar balance entre ese presente y pasado, aún con todo lo que se ha perdido, y la frustración acumulada, hay una invitación a estar alegres. Y eso es mucho que pedir. Los males son incontables, pero hay un cántico en el escritor bíblico “Cuando Jehová hiciere volver la cautividad de Sión, seremos como los que sueñan. Entonces nuestra boca se llenará de risa y nuestra lengua de alabanza. Entonces dirán entre las naciones, grandes cosas ha hecho Jehová con nosotros, estaremos alegres”. Se trata de una invitación a soñar en medio de la adversidad.

En Puerto Rico, como sucede en la mayor parte del mundo, vivimos como en una pesadilla, cuyo final es desconocido. El asunto es que nadie le pone con certeza un término. Lamentablemente, la vida ha cambiado y de qué manera. Mencioné la palabra pesadilla. ¿Qué es una pesadilla? Una pesadilla es un mal sueño. Es un sueño que produce miedo, angustia o ansiedad. Son varios los factores que pueden desencadenar en pesadillas. El llamado “estrés”, la ansiedad, de la cual todos podemos ser recipientes, puede ser la causa de estados depresivos en que fácilmente, conscientes o no, podemos caer.

Recordamos lo mucho que se hablaba en las Iglesias y en otros entornos sobre el 2020. Era como algo milagroso, lo que ocurriría. Habíamos planificado para un año de cosechas, de logros, de planes culminados. Pero la realidad es que no ha sido como pensábamos. El 2020 nos ha sorprendido con muchas situaciones desagradables, una tras otra, que han cambiado nuestra realidad. Ha sido tiempo de confusión, de muchos cambios que, lamentablemente, una parte de la población se niega en aceptar. Los sueños tal parece que se convirtieron en pesadillas. Hay una pregunta que debemos hacernos, ¿qué pensamientos dominan nuestra mente en este momento? El Salmo 126 comienza diciendo, “Cuando Jehová hiciere volver la cautividad de Sión, seremos como los que sueñan, entonces nuestra boca se llenará de risa, y nuestra lengua de alabanza, entonces dirán entre las naciones, grandes cosas ha hecho Jehová con estos, estaremos alegres.” ¿Cómo estar alegres viviendo en adversidad? ¿Cómo cantar cuando lo que percibimos a nuestro alrededor son pérdidas? ¿Cómo soñar en tiempos mejores, si la situación diaria es de malas noticias, que parecen no tener fin?
Sólo nos queda apelar a la confianza. La confianza de que Dios ha hecho grandes cosas entre nosotros y las seguirá haciendo. El secreto estaría en asumir que estar alegres en medio de la adversidad, es el milagro de Dios. Y la Iglesia debe seguir creyendo en los milagros de Su creador. No permitamos que las pesadillas se roben nuestros sueños de un nuevo amanecer, que el dolor no nos permita ver lo que Dios ha hecho en medio nuestro. Que el miedo vaya a tronchar nuestras esperanzas.

Nuestra vida es de Dios y podemos perdemos enfrentar grandes pérdidas, pero la esperanza no se abandona. No se pierde, porque la esperanza es Dios mismo. El Salmo termina afirmando: “Los que sembraron con lágrimas, con regocijo segarán. Irá andando y llorando el que lleva la preciosa semilla. Mas volverá a venir con regocijo, trayendo sus gavillas”. El llamado es a estar alegres. Que así nos ayude Dios.

Oración final
Tomados de la mano, démosle una palabra de alabanza a Dios. Digámosle, que nos ayude a seguir valorizando lo bueno que tenemos, que sin duda es mayor que lo que no tenemos. Oremos unos por los otros y por la Iglesia en general.

Cantemos juntos “Grande amor”

//Grande amor, profundo amor
El que Dios tiene para mí.//

//No lo puedo entender, pero Él me ama.
No lo comprendo, pero Él me cubrirá.
Todo mi ser se llena de Él
Porque profundo e inmenso es su amor.//