Rvda. Vilmarie Reyes

Pastora ICDC San José, Manatí

Región 7

Leamos la Palabra de Dios en el Salmo 16.1-2, 5-8, 11 (DHH)

“¡Cuida, oh Dios, de mí, pues en ti busco protección!

Yo he dicho: <<Tú eres mi Señor, mi bien; nada es 

comparable a ti.>> 

Tú, Señor eres mi todo;

Tú me colmas de bendiciones;

Mi vida está en tus manos.

Primoroso lugar me ha tocado en suerte;

¡Hermosa es la herencia que me ha correspondido!

Bendeciré al Señor, porque Él me guía,

y en lo íntimo de mi ser me corrige por las noches.

Siempre tengo presente al Señor;

con él a mi derecha, nada me hará caer.

Me mostrarás el camino de la vida.

Hay gran alegría en tu presencia;

hay dicha eterna junto a ti”.

Oremos: dando gracias por Su presencia, por su fidelidad y por Su amor. Demos gracias por nuestras familias, por nuestra iglesia local y por la Iglesia Cristiana (Discípulos de Cristo) en P.R.

Entonemos el cántico: Soberano Dios

Soberano Dios, Dios Omnipotente Rey de reyes,

A Ti sea el honor, el imperio y la alabanza, 

desde ahora y para siempre por los siglos de los siglos,

exaltado seas Tú, coronado seas Tú,

///Señor Jesús/// Amén. 

Oración de confesión: (Santiago 5.16)

“Confesaos vuestras ofensas unos a otros,

Y orad unos por otros, para que seáis sanados.

La oración eficaz del justo puede mucho”. 

Meditación Pastoral

“Yo soy la puerta; el que por mi entrare, será salvo; y entrará, y saldrá, y hallará pastos” (Juan 10.9).

Richard Foster en su libro “Celebration of Discipline” (Alabanza a la Disciplina), nos comparte que, de todas las disciplinas espirituales, la oración se encuentra en el centro porque a través de ella entramos en una comunión constante y única con nuestro Señor. Ahora bien, tenemos que reconocer que la oración y la palabra del Señor siempre deben estar unidas ya que la fe viene por el oír y por oír la Palabra del Señor. Escuchar, recibir y meditar en Su palabra siempre nos hace tanto bien.

El Señor Jesús en el evangelio de Juan 10.9 dijo: Yo soy la puerta; el que por mi entrare, será salvo; y entrará, y saldrá, y hallará pastos. Jesús es el Buen Pastor. Él siente un amor inmenso, amor que no tiene comparación: por todos nosotros cuando sufrimos y está con nosotros en medio de nuestras necesidades. Él ama profundamente a los que abandonaron el camino y hoy no saben dónde se encuentran. El Señor Jesús está buscando a los/as abatidos/as y a los que están confundidos/as. ¿Cuántas veces las personas cristianas en medio de las luchas y las pruebas se han sentido perdidos/as en la casa de su Padre? El alimento que sacia nuestra vida solo se encuentra en Jesús, pero constantemente hay que entrar y buscar ese alimento que sacia nuestra alma, que renueva nuestras fuerzas, que limpia y sana nuestro ser entero: espíritu, alma y cuerpo. Cuando nos acercamos al Señor debemos permitir que el Señor con Su palabra, con Su amor y con Su poder vaya quitando los malos hábitos y las actitudes que no promueven la sana convivencia. Aunque difícil, esto no es imposible porque conocer de Jesús es conocer de Su amor, es salir de los brazos de la muerte y renacer a una nueva vida. En este tiempo de acercamiento y de búsqueda del Señor se nos hace posible el renacer a una vida llena de la presencia del Señor, llena de Su paz, de Su gracia y Su perdón.

Es importante que separemos un espacio en familia para orar y meditar en esa palabra poderosa que nos invita a que todos/as podamos entrar. Recordemos que Jesús es la puerta, en Él somos salvos, en Él estamos a salvo, con Él nuestra vida está segura. Jesús es el pan que da vida, Él es el agua viva. Jesús es el templo sin muro, hoy nuestros hogares son ese templo, ese lugar consagrado, que nos hace sentirnos gozosos porque estamos bien, porque estamos vivos, porque estamos unidos/as. Si alguno se siente cargado, ore, busque la presencia del Señor que hoy se hace más presente más que nunca, porque en tiempos de angustias y de necesidad Jesús está tan cerca de nosotros que casi podemos tocarlo y lo que sí es seguro es que podemos sentirlo. Entremos. En Él estaremos a salvo. Nada ni nadie podrá separarnos de Su amor. En esa misma confianza y en esa paz, si hay algún miembro de su familia al cual usted siente que ha ofendido, pídale perdón. Dele gracias al Señor por todas las cosas buenas que esa persona tiene. En el centro de tu hogar está el Señor Jesús, el Buen Pastor que Su vida dio para que nadie se pierda.  

Oremos al Señor: 

  • Por las peticiones de cada miembro de nuestras familias.
  • Por los deambulantes, ancianos, niños y jóvenes.
  • Por las mujeres jefas de familia. 
  • Por los adultos que están solos.
  • Por los pacientes de salud mental y los que tienen ideas suicidas.
  • Por los matrimonios. 
  • Por los conflictos dentro de las familias.

Cántico final: Pan de Vida

Jesús Adrián Romero

Cuando flaquea mi fe, 

y siento desfallecer.

Cuando no puedo seguir 

y faltan fuerzas en mí.

Puedo a la mesa venir 

y puedo el pan compartir.

Coro:

Es Jesús el pan de vida

El maná de mi desierto

Mi energía mi sustento

Es Jesús el pan de vida

Mi necesidad primera

Y sin ti yo nada fuera

Porque Jesús  

es Pan de vida eterna.