Profeta verdadero

12 de abril de 2016

Marcos 1.21-45

Profeta verdadero

«Y se admiraban de su doctrina, porque les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como los escribas».  (Marcos 1.22)

He escuchado a muchas personas decir que no creen en el evangelio, ni en Dios, ni en la Biblia.  Al dialogar con ellos, me han expresado que se sienten defraudados y decepcionados por la iglesia, especialmente por líderes religiosos que han fallado.

Es muy triste que personas usen el Nombre de Dios para hacer daño, lastimar o timar a otros.  Esas personas no son reflejo de las enseñanzas de Jesús.  Ese mensaje no es congruente con lo que establece la Palabra de Dios.

Mientras Jesús ejercía Su ministerio, muchos se admiraban porque reconocían en Él algo diferente.  Veían que Jesús tenía autoridad para hablar y enseñar.  Jesús era el verdadero profeta.  Sus obras y Su testimonio así lo evidenciaron.

La Palabra del Señor nos invita a que creamos en Él.  No permitamos que el testimonio de falsos profetas opaquen el testimonio puro, justo e intachable de nuestro Señor Jesús.  Procuremos ser seguidores e imitadores de Jesús.  Que a pesar de nuestras faltas y debilidades humanas, la gente que nos rodea pueda ver a Jesús.  Siempre tengamos en perspectiva que somos los seguidores de quien tiene toda autoridad, Jesús.

Oración: Amado Dios, cada día nos asombran Tus enseñanzas.  Reconocemos que de Ti proviene toda dádiva y no hay quien pueda compararse contigo.  Ayúdanos a verte y que otros puedan verte a Ti, a pesar de nuestros errores humanos.  Damos gracias en el Nombre de Jesús.  Amén.


Llegó el esperado

13 de marzo de 2016

Mateo 10.40-11.19

Llegó el esperado

«—Regresen y cuéntenle a Juan todo lo que ustedes están oyendo y viendo».

Mateo 11.4b

 

Cuando recibimos una invitación a un cumpleaños sorpresa, asumimos que la persona homenajeada desconoce los preparativos para la celebración. El día de la fiesta se reúnen todos los invitados antes de que llegue el cumpleañero para sorprenderle al momento de su llegada. La celebración comienza cuando llega la persona homenajeada.

El texto bíblico nos narra el momento en que Juan el bautista envió a los discípulos a preguntarle a Jesús «—¿Eres tú aquel que había de venir o esperaremos a otro?». Todavía el pueblo no se había percatado de que el homenajeado había llegado. El verdadero Mesías estaba entre ellos y Sus obras así lo testificaron.

El hecho de que los cojos anden, los ciegos vean y los sordos escuchen, era solo el inicio de la obra gloriosa de Jesús en la tierra. El Señor continúa haciendo esas obras y milagros en medio nuestro. Su Palabra nos invita a que contemos y testifiquemos las maravillas que hemos visto y oído. Reflexionemos en cómo podemos testificar lo que el Señor ha hecho en nuestras vidas.

Oración

Amado Señor, gracias por los milagros que hemos visto y oído. Queremos testificar Tus obras y contar las maravillas que has hecho. Permite que nuestros corazones estén sensibles para ver las grandes cosas que continuarás haciendo. En el Nombre glorioso de Tu hijo Jesús oramos. Amén.

 

Autora: Rvda. Geritza Olivella


Interrupciones oportunas

10 de marzo de 2016

Mateo 9.1-26

 Interrupciones oportunas

«—Ten ánimo, hija; tu fe te ha salvado».

«—Apartaos, porque la niña no está muerta, sino que duerme».

Mateo 9.22b, 24a

Cuando una persona interrumpe a otra, se corta la continuidad de algo en el lugar o en el tiempo. Jesús se dirigía a la casa de Jairo para ver a su hija que estaba muriéndose. En el camino, una mujer anónima, enferma y rechazada propuso en su corazón acercarse a Jesús. «Con solo tocar su manto, seré salva» – pensó.

Lo que parecía ser una interrupción, terminó en una gloriosa experiencia para esta mujer y la hija de Jairo.

En ocasiones,  pensamos que interrumpimos al Señor con nuestra petición. Pensamos que Él debe estar muy ocupado bendiciendo a personas «importantes» o reconocidas. Miramos hacia el lado para comparar lo que el Señor está haciendo con los demás, y no nos percatamos de que el Señor se ha detenido para escucharnos y atender nuestra necesidad.

Lo que algunos pudieran catalogar como interrupción por parte de la mujer del flujo de sangre, Jesús lo vio como el momento oportuno para manifestar Su gloria. Jesús no favoreció a una mujer por encima de la otra, las bendijo a ambas. No llegó tarde, siempre estuvo. Su poder es tan inmenso, que aún en la distancia puede hacer el milagro.

Oración

Señor, te damos gracias porque podemos testificar que con solo tocar el borde de tu manto hemos encontrado sanidad integral para nuestra vida. Ayúdanos a mirarte a Ti en todo tiempo. Queremos percatarnos de lo que estás haciendo en nosotros y a través de nosotros. En el nombre de Jesús. Amén.

Autora: Rvda. Geritza Olivella

 

 


Al Señor tu Dios adorarás y a él sólo servirás

3 de marzo de 2016

Mateo 3.1 – 4.11

«Al Señor tu Dios adorarás y a él sólo servirás.» -Mt 4.10

Juan, el hijo de Zacarías y Elisabeth, la estéril, y Jesús el hijo de José y María, la bienaventurada, se afirmaron mutuamente en sus respectivos ministerios.  Ambos anunciaban el Reino de Dios que venía y llamaban al arrepentimiento y a la transformación de la vida y del carácter.  Ambos fueron ajusticiados por causa de su obra profética; Juan, a manos de Herodes, quien lo encarceló y finalmente lo decapitó; Jesús, a manos de los principales sacerdotes, Anás y Caifás, y las autoridades romanas, Poncio Pilato y sus acólitos.  Ambos resultaron más que vencedores, particularmente Jesús, que resucitó y fue declarado por la Iglesia «Señor del Universo».

El Diablo trató de distraerlos a ambos para desenfocarlos de su misión, que era proclamar el señorío de Dios sobre el universo y sobre los seres humanos; pero en esa batalla contra las fuerzas del mal le encontraron sentido a sus vidas, declarando enfáticamente siempre: «Al Señor tu Dios adorarás y a él sólo servirás».

Oración

Señor, bautízanos con el fuego de tu Espíritu Santo para dar testimonio con la entrega de nuestra vida a ti, que eres nuestro Dios, objeto único de nuestra adoración, alabanza y reconocimiento.  En el nombre de Jesús oramos.  Amén.

Autor: Rvdo. Luis Del Pilar