¿Echar o entregar?

30 de abril 2016

Marcos 12.28-44

¿Echar o entregar?

«Entonces Jesús llamó a sus discípulos y les dijo: Les aseguro que esta viuda pobre ha dado más que todos los otros que echan dinero en los cofres, pues todos dan de lo que les sobra, pero ella en su pobreza, ha dado todo lo que tenía para vivir.»  Marcos 12.43-44 (DHH)

 

Esta es una de las viudas más conocidas de la Biblia.  En una acción fugaz, casi desapercibida, sin nombre y sin historia conocida alrededor de ella, Jesús la reconoce.  Él observaba a la gente que depositaba ofrendas.  Había trece cajas, con distintos propósitos, para recibirlas.  Jesús se percató que los ricos echaban de las sobras de sus riquezas.  La viuda entregó la totalidad de su pobreza, con actitud de adoración.

Ofrendar y diezmar es asunto muy espiritual.  Mi abuelo me enseñó que quien no diezma, siempre está “pelao”.

La iglesia es la empresa divina, pensada en el cielo, pero orquestada en la tierra, por humanos.  Somos los responsables de hacerla viable económicamente.

En una economía de grandes retos, el Señor nos llama a creer en Su provisión y sustento, como lo hizo aquella humilde viuda.  En nuestra historia eclesiástica, hubo momentos de extrema dificultad y estrechez económica.  La Iglesia confió en Dios, se mantuvo firme en sus convicciones y entregó su tiempo, tesoro y talentos, y salió victoriosa.

Hoy se requiere que hagamos lo mismo.

¿Puedes recordar algún momento en el cual Dios te demostró que Él cuida de los suyos, cuando los suyos cuidan de Su viña, entregando, en adoración, sus talentos y ofrendas?

Oración: ¡Que hermosa es Tu iglesia Señor!  Gracias por el privilegio de ser parte de ella.  La sostenemos creyendo Tus promesas y afirmando que estás con nosotros, aún en los momentos de escases.  Amén.

 


Tú siempre puedes

24 de abril 2016

Marcos 9.2-29

 Tú siempre puedes

 «Jesús le dijo: ¿Cómo que si puedes? ¡Todo es posible para el que cree!»  Marcos 9.23  (DHH)

Recuerdo el anuncio de televisión en el cual un niño le entrega una pieza de ropa muy manchada a su madre, para que ésta resuelva el problema. La madre lo mira seriamente, pero el niño le dice: “tú siempre puedes”.

Sin ánimo de trivializar, recordé ese anuncio cuando Jesús le responde al padre del joven enfermo: ¿cómo que si puedes? El poder de Jesús nunca estuvo, ni está en cuestionamiento.

Justo antes de este episodio, en lo alto del monte, el mismo Dios habló desde una nube, validando a Jesús como Su Hijo amado al cual había que escuchar; ni a Moisés ni a Elías, a pesar del significado gigante de aquellos, para los judíos.

Ese es el Jesús que camina con la iglesia; el Jesús que camina contigo y conmigo. Ese es el Jesús que está en los momentos de gloria, tipo monte de la transfiguración, pero también está en los momentos de extrema necesidad de la intervención divina en otros y en nosotros.  Es aquel que hace presencia en los momentos cuando las circunstancias oprimen, intentando minar nuestra fe, a pesar de que sabemos que, “sin fe es imposible agradar a Dios” (Hebreos 11.6). Es en esos momentos que cobra sentido el grito del padre del joven: “Yo creo. ¡Ayúdame a creer más”! (Mateo 9.24).

Creemos firmemente, cuando nuestro enfoque está en Jesús; enfoque que se logra en la medida que conocemos más y más Su bendita Palabra; al cual nos inspira.

Oración: Nos inspira Tu Palabra, dada a nosotros Señor, entregada por amor, en nuestro ser, ella labra. Seguirla, no descalabra, al contrario, nos enfoca. Cada día nos provoca, alumbra nuestro camino. Señala nuestro destino, con autoridad convoca. Amén

 


Sigámosle con firmeza

7 de abril de 2016

San Mateo 26.47-75

Sigámosle con firmeza

«¿Qué necesidad tenemos de más testigos? Ahora mismo habéis oído su blasfemia. ¿Qué os parece? Y respondiendo ellos, dijeron: Es reo de muerte.» (Mt 26.65-66)

El arresto y el juicio de Jesús ante las autoridades religiosas judías, fue una burla a los cánones de justicia.  Fue arrestado, golpeado y herido, sin tener y presentar cargos escritos y testigos creíbles.  Fue declarado reo de muerte, sin los debidos procedimientos de escuchar dos o más testigos fidedignos.

En este proceso, además, los discípulos, seguidores y amigos de Jesús durante tres años, al ver el tropel de gente, armados muchos con espadas y con palos, huyeron cobardemente del Huerto de Gethsemaní, donde Jesús había estado orando y buscando la dirección del Padre.

Pedro, quien había prometido seguirle y morir con Él, si fuera necesario, le negó tres veces.  La última vez que le negó, lo hizo jurando y maldiciendo.  Cuando el gallo cantó, Pedro recordó las palabras del Maestro, «Antes que el gallo cante me negarás tres veces».  Entonces, salió del lugar llorando amargamente (Mt 26.75).

¿Qué espera el Señor de nosotros?  Afirmémonos en nuestro voto de seguir a Cristo y caminar en la senda que Él trazó, luchando contra toda clase de obstáculos y venciendo en Su nombre todo desánimo, toda amargura, toda persecución.

Oración: Señor Jesús, Hijo de Dios, Tú recorriste el camino de la cruz para darnos perdón de pecados y redención.  Deseamos caminar por esa senda estrecha que conduce a la vida y que muramos contigo, si es necesario.  Ayúdanos a serte fieles y a no negarte jamás con nuestros hechos.  Amén.


Con gran poder y gloria

2 de abril de 2016

San Mateo 24.29-51

Con gran poder y gloria

«Y todas las tribus de la tierra harán lamentación cuando vean al Hijo del hombre venir sobre las nubes del cielo con gran poder y gloria…» (Mt 24.30)

Las familias, tribus, naciones y pueblos de la tierra necesitan gobernantes buenos, justos, generosos, prudentes, sabios y veraces.  La idea del retorno de Cristo «con gran poder y gloria», para asumir el gobierno del mundo, apunta a la inconformidad y el repudio hacia gobernantes enfermos de poder, ambiciones de grandeza y señorío imperial, con secuelas de frustración, dolor y sufrimiento para los gobernados, los pobres y necesitados de esta sociedad.

El Hijo del hombre que vendrá «con gran poder y gloria», no vendrá a aplastar, a destruir y acaparar, sino a llamar a cuentas, a juzgar como juez justo.  Cada quien será juzgado por sus hechos sombríos y por sus omisiones y negligencias. Y ese Hijo del hombre compartirá Su gloria y Su poder con los que han sido transformados en personas nuevas, con los que le han dicho con humildad: «Recíbeme, restáurame, vivifícame, sálvame y santifícame para ser tu siervo donde quiera y comoquiera sea necesario».

Oración: Gracias, Señor, porque de lo vil y lo menospreciado nos has escogido para compartir tu poder y tu gloria.  Señor, permítenos brillar para otros, estimulándoles a serte fieles en toda situación y circunstancia.  En el Nombre de Cristo oramos.  Amén.

 


Perseverando hasta el final

1 de abril de 2016

San Mateo 24.1-28

Perseverando hasta el final

«… el que perseverare hasta el fin éste será salvo.» (Mt 24.13)

Durante la última visita de Jesús a Jerusalén, para confrontar a los líderes religiosos de su pueblo con su palabra transformadora y retadora, le habló a sus discípulos sobre el fin de los tiempos. Jerusalén sería destruida y no quedaría en pie «piedra sobre piedra». Esta profecía se cumplió en el año 70 d.C.

Después de esta conversación, Jesús salió de la ciudad hacia el monte de los olivos, donde solía retirarse a orar. Allí los Discípulos le pidieron más detalles sobre el fin de los tiempos. El cuadro que Jesús pintó fue sombrío: falsos cristos y profetas, guerras, pestes, hambres, terremotos, persecución y muerte de cristianos, desamor, odios y rencillas. Pero no faltarían fieles que perseverarían hasta el fin, para que el Evangelio del reino fuera predicado en todo el mundo.

Nos asustan los tiempos que vivimos, pues se parecen mucho a lo que Jesús explicó a sus discípulos hace veinte siglos. Pero el llamado de Dios está en pie y vigente: es necesario perseverar fieles al Señor y a sus promesas hasta el fin y obtendremos «la corona de la vida».

Oración: Te pedimos, Señor, que nos sigas acompañando y afirmando en nuestra vocación cristiana siendo fieles, no importa los tiempos difíciles que vengan a este mundo, siempre proclamando el Evangelio con nuestra vida y testimonio. En el nombre de Jesús oramos. Amén.