Cristianos perseguidos

26 de abril 2016

Marcos 10.1-31

Cristianos perseguidos

«Jesús respondió: Les aseguro que cualquiera que por mi causa y por aceptar el evangelio haya dejado casa, o hermanos, o hermanas, o madre, o padre, o hijos, o terrenos, recibirá, ahora en la vida presente cien veces más en casas, hermanos, hermanas, madres, hijos y terrenos, aunque con persecuciones; y en la vida venidera recibirá la vida eterna.»  Marcos 10.29-30 (DHH)

Copié de nuestra iglesia en Castellana Gardens, el hacer una oración, en el servicio del domingo en la mañana, por los creyentes en los países en los cuales está prohibido ser cristiano. A esa oración le añadimos un clamor por un pueblo de PR. Ese es un momento muy importante para nuestra iglesia.

Aunque hay personas en PR cuyas familias se han enojado con ellos por abrazar la fe cristiana, me atrevo a decir, que no se compara con lo que ocurre con las personas en los países donde se persigue y se mata a cristianos.

Esos hermanos y hermanas “son recibidos” en nuestras casas y en nuestras familias, a través de la oración por ellos, la contribución económica a las organizaciones internacionales que apoyan, cuidan y suplen materiales de evangelización. Son recibidos, también, en el estar conscientes que, mientras en este lado del mundo disfrutamos de libertad de culto y de reunión, no es así en otras latitudes.

Esas personas aceptaron el reto de la persecución, garantizada por su decisión de seguir a Cristo. Les espera, como a todos los que aceptamos a Jesús, si perseveramos, la vida eterna, libre de todo mal y calamidad.

Oración: Oramos Señor, por las personas que son perseguidas y vilmente maltratadas por amarte. Son nuestros hermanos y los “recibimos” en nuestras casas y corazones con la gracia de Tu amor. Gracias porque Tú caminas con ellos. Amén

 


Sembremos... Nos están escuchando

15 de abril de 2016

Marcos 3.20–4.12

Sembremos... Nos están escuchando

«—Oíd: El sembrador salió a sembrar; y, al sembrar, aconteció que una parte cayó junto al camino, y vinieron las aves del cielo y se la comieron».  (Marcos 4.3-4)

 

Cuando era adolescente, trabajé en los encuentros de verano para los niños de mi iglesia.  En el grupo que tenía asignado se encontraba un niño de 7 años que venía de una familia con muchos conflictos sin resolver.  El niño llegaba tarde, cabizbajo y no hablaba con otros niños.  Al momento de ofrecer el encuentro bíblico, los niños dejaban de prestar atención después de los primeros 5 minutos.  Era frustrante para mí tratar de explicar la historia bíblica cuando los niños solo querían jugar y divertirse.  El niño ni siquiera me miraba cuando le hablaba.  Permanecía toda la clase con su cabeza encima del pupitre.

El último día del encuentro de verano, le pregunto al grupo de qué se habló durante todo el campamento.  En cuestión de segundos este niño alzó su cabeza y narró detalladamente todo lo que se había dialogado.  Explicó todas las historias bíblicas que se presentaron y su aplicación.  Yo quedé asombrada por lo que allí había acontecido.  Yo pensaba que había perdido mi tiempo esas dos semanas.  Para mi sorpresa, el que a mis ojos no prestó atención, fue quien más internalizó el mensaje.  Él me estaba escuchando.

Ante mis ojos, esa semilla cayó en el camino.  Pero la semilla del evangelio de Jesucristo, aunque sea diminuta como una semilla de mostaza, tiene poder para crecer y expandirse con poder.  ¡La semilla cayó en terreno fértil¡ Este niño abrió su corazón a Jesús.

Seamos persistentes como el sembrador.  Sembremos…  Sembremos sin desanimarnos al ver que la semilla cae a la orilla del camino.  Sembremos…  Nos están escuchando.

Oración: Señor nuestro, gracias porque un día la semilla de Tu evangelio germinó en nuestros corazones.  Ayúdanos a que demos fruto y podamos ser sembradores de esa semilla.  Que nuestra mirada siempre esté puesta en ti.  Quita el desánimo y frustración cuando vemos que la semilla no cae en terreno fértil.  Ayúdanos a perseverar y ser consistentes.  Ayúdanos a confiar en que la semilla caerá en corazones fértiles.  En el nombre de Jesús oramos.  Amén.


Seguidores y hacedores

14 de abril de 2016

Marcos 3.1-19

Seguidores y hacedores

«Designó entonces a doce para que estuvieran con él, para enviarlos a predicar y que tuvieran autoridad para sanar enfermedades y para echar fuera demonios».  (Marcos 3.14-15)

 En el 1979, el español Cesáreo Gabaráin compuso el famoso himno «Tú has venido a la orilla».  El himno fue producto de su experiencia, luego de viajar a Galilea y regresar a España.  Él entendió que así como Jesús llamó a aquellos pescadores a que le siguieran, todavía sigue llamando a personas para que le sigan.

El coro de ese himno dice: «Señor, me has mirado a los ojos, sonriendo has dicho mi nombre, en la arena he dejado mi barca, junto a Ti buscaré otro mar».

Es hermoso saber que Jesús nos llama a seguirle.  El reto consiste en ser obedientes y en permanecer fieles a esa respuesta de seguir Su voluntad.  A veces nos quedamos en esa experiencia romántica de saber que el Señor nos llama.  Pero, ¿en qué manera estamos respondiéndole?  ¿Cómo estamos siguiendo a Jesús?  Dice Su Palabra que Jesús llamó a Sus discípulos y les dio instrucciones.  Los envió a predicar y que tuvieran autoridad para sanar enfermedades y para echar fuera demonios.

Ese llamado sigue vivo para nosotros y nosotras hoy.  El Señor nos llama a ser seguidores y hacedores de Su Palabra.  Hay mucha necesidad a nuestro alrededor y somos llamados para compartir las buenas nuevas del evangelio, predicando con nuestras palabras y nuestras acciones.

Oración: Amado Dios, gracias porque nos has mirado a los ojos.  Te has fijado en nosotros y nos llamas a seguirte.  Queremos ser seguidores de Jesús y hacedores de Tu Palabra.  Danos discernimiento para proclamar Tu mensaje esperanzador, llenos de la autoridad de Tu presencia.  Esto lo pedimos en el Nombre de Jesús.  Amén.


La Gran Comisión

10 de abril de 2016

Mateo 27.45–28.20

La Gran Comisión

«Por tanto, id y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado.  Y yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo».  (Mateo 28.19-20)

El evangelio de Mateo culmina con una encomienda para los seguidores de Jesús.  Ya los discípulos habían sido testigos de la resurrección del Mesías.  Jesús había cumplido Su promesa y les prometió algo más.  Jesús dejó una encomienda.  Ese mensaje que habían visto y oído tenía que ser compartido.  Otros tenían que saber que la obra redentora de Cristo en la cruz trasciende el tiempo y lugar.

La gran comisión no fue exclusiva para aquellos discípulos que estaban junto a Jesús en ese momento.  El Señor nos llama a que enseñemos sus proezas y guardemos en nuestro corazón lo que Él nos ha enseñado.

Es una gran responsabilidad que conlleva enfrentar muchos retos y obstáculos en el camino.  No obstante, Jesús es tan bueno y nos conoce tan bien, que nos dejó una promesa para que continuemos confiando en Él.  Jesús prometió estar con nosotros todos los días hasta el fin del mundo.

Nos corresponde hacer nuestra parte, movernos a la acción de ir, hacer discípulos y enseñarles los mandatos de Jesús.  Él ya prometió que nos acompañará todos los días.

¡Qué bueno que el Señor nos acompaña hoy!

Oración: Señor, agradecemos tu presencia en nuestra vida.  Queremos experimentar tu compañía y que renueves nuestras fuerzas para que podamos hacer Tu voluntad.  Ayúdanos a cumplir con la gran comisión y agradarte a Ti en todo lo que hagamos.  Oramos por tu Hijo Jesús.  Amén.


Sigámosle con firmeza

7 de abril de 2016

San Mateo 26.47-75

Sigámosle con firmeza

«¿Qué necesidad tenemos de más testigos? Ahora mismo habéis oído su blasfemia. ¿Qué os parece? Y respondiendo ellos, dijeron: Es reo de muerte.» (Mt 26.65-66)

El arresto y el juicio de Jesús ante las autoridades religiosas judías, fue una burla a los cánones de justicia.  Fue arrestado, golpeado y herido, sin tener y presentar cargos escritos y testigos creíbles.  Fue declarado reo de muerte, sin los debidos procedimientos de escuchar dos o más testigos fidedignos.

En este proceso, además, los discípulos, seguidores y amigos de Jesús durante tres años, al ver el tropel de gente, armados muchos con espadas y con palos, huyeron cobardemente del Huerto de Gethsemaní, donde Jesús había estado orando y buscando la dirección del Padre.

Pedro, quien había prometido seguirle y morir con Él, si fuera necesario, le negó tres veces.  La última vez que le negó, lo hizo jurando y maldiciendo.  Cuando el gallo cantó, Pedro recordó las palabras del Maestro, «Antes que el gallo cante me negarás tres veces».  Entonces, salió del lugar llorando amargamente (Mt 26.75).

¿Qué espera el Señor de nosotros?  Afirmémonos en nuestro voto de seguir a Cristo y caminar en la senda que Él trazó, luchando contra toda clase de obstáculos y venciendo en Su nombre todo desánimo, toda amargura, toda persecución.

Oración: Señor Jesús, Hijo de Dios, Tú recorriste el camino de la cruz para darnos perdón de pecados y redención.  Deseamos caminar por esa senda estrecha que conduce a la vida y que muramos contigo, si es necesario.  Ayúdanos a serte fieles y a no negarte jamás con nuestros hechos.  Amén.


Cumpliendo la voluntad del Padre

6 de abril de 2016

San Mateo 26.30-46

Cumpliendo la voluntad del Padre

«Padre mío, si es posible, pasa de mi esta copa, pero no se haga como yo quiero sino como tú.»

(Mt 26.39)

Jesús celebró la Pascua judía con sus Discípulos, dándole un nuevo contenido.  El pan era símbolo de Su cuerpo, la copa era símbolo de Su sangre y de un nuevo pacto.  Se trataba, no de evocar la liberación de Israel de la esclavitud egipcia, sino de la liberación de la humanidad del yugo del pecado y de la muerte.

Jesús sabía quién era, a qué había venido, quién le había enviado y cuál era el costo real de su misión redentora: la entrega de Su cuerpo y de Su vida en los brazos de una cruz.

Al oír los Discípulos a Jesús hablar de morir y resucitar, Pedro, impetuoso como era, dijo, osadamente: «Aunque tenga que morir contigo no te dejaré».  Y todos los demás, como para no quedarse atrás, «dijeron lo mismo» (Mt 26.35).  Pero, cuando llegó la hora de la verdad, Pedro negó a Jesús tres veces y todos los discípulos huyeron despavoridos (Mt 26.55-56).

Jesús, en cambio, se afirmó en su vocación mesiánica, amando a los suyos hasta el fin y cumpliendo la voluntad del Padre.

Oración: Señor, al tomar conciencia de nuestra vocación como cristianos, deseamos afirmarnos en el costo de nuestro discipulado, que padezcamos y muramos con Cristo.  En Su nombre oramos.  Amén.

 


Ofrenda de Gratitud al Señor

5 de abril de 2015

San Mateo 26.1-29

Ofrenda de Gratitud al Señor

«De cierto os digo que dondequiera que se predique este evangelio, en todo el mundo, también se contará lo que ésta ha hecho, para memoria de ella.» (Mt 26.13)

Era la casa de Simón en Betania, uno de los tantos leprosos sanado por Jesús, y era su última visita a Jerusalén antes de sufrir el martirio de la cruz.  Estaban sentados a la mesa, invitados por Simón.  De pronto, entró al cenáculo una mujer, no invitada, quien, sin mediar palabras, derramó sobre la cabeza de Jesús «un vaso de alabastro de gran precio».  El espacio del salón se llenó de aquel grato olor.

Varios de los presentes reaccionaron criticando a la mujer «por este desperdicio», habiendo tantos pobres en el país a quienes se podía ayudar.  Notándolo, Jesús salió en defensa de la mujer, alegando que le estaba ungiendo por anticipado para Su sepultura.  En otras palabras, era un acto profético que lo afirmaba en Su obra mesiánica y que él aceptaba con gozo.  No había en este acto ni desperdicio ni ostentación.  Así que esta mujer quedaba validada, porque afirmaba a Jesús en Su misión redentora.

Oración: Padre celestial, gracias por darnos a Tu hijo Jesús como Cordero Pascual, como Mesías y Redentor.  Al evocar Su martirio, recordamos a todos los que reconocieron Su vocación, ancianos y niños, hombres y mujeres, a todos los que le ofrendaron Su gratitud como ofrenda de olor fragante.  En su nombre oramos.  Amén.