¿Problema, o consecuencia del verdadero problema?

Muy amados en el Señor, en una empresa se adquiere una cisterna de 3,000 galones.  Entre la cisterna y el sistema de bombeo hay un conector que está defectuosamente instalado, permitiendo una fuga del líquido.  El día en que necesitan usar el agua de la cisterna, alguien le comunica al dueño de la empresa que hay un problema.  El dueño pregunta, ¿cuál es el problema?  Se le dice: “el problema es que no hay agua en la cisterna.”  En realidad, el problema es el conector defectuoso.  La cisterna vacía, es la consecuencia del verdadero problema.

En Puerto Rico, he escuchado decir que el problema es que no hay dinero.  Pienso que esa es la consecuencia.  El problema en sí es que hemos perdido la integridad de los valores y principios que hacen grande a una nación.  La generosidad ha sido usurpada por el egoísmo, la humildad ha cedido ante la vanidad.  Los que debieron haber protegido al pueblo, se sirvieron del pueblo, y muchos pecaron al descuidar el bienestar común por su autocomplacencia.  El conector está defectuoso, pues ha perdido su integridad.  Si no se arregla lo fundamental, volveríamos a perder todo el dinero que se nos conceda.

Lo de los valores no se legisla.  No se puede imponer.  Se comparte desde la base del hogar y en la convivencia comunitaria.  Todos podemos y debemos aportar a corregir lo fundamental, viviendo los valores que adelantan el Reino de los Cielos entre nosotros.  Vivamos en amor, fe y justicia.  Entonces, volveremos al verdadero camino del crecimiento y desarrollo como país.  Que así nos ayude el Señor.

 

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